lunes, 29 de marzo de 2010

Crema de Remolacha de Tía Nerea

Mi Mamá me dejó varios tesoros, entre ellos sus dos Recetarios, escritos de su puño y letra. Esta crema, es una de esas recetas, y la hice ayer, pues ansiaba sentir ese gusto nuevamente.

Como todos tenemos mamá… tuve que poner el título por el cual ella fue conocida siempre en la familia.

Se pone en la licuadora:

½ kilo de remolachas cocidas
100 gramos de crema doble
½ taza de aceite
½ taza de vinagre
1 cucharadita de mostaza
Sal y pimienta al gusto.

Una vez todo licuado, usamos la crema para aderezar churrascos y ensaladas.

¡Que la disfruten!

miércoles, 24 de marzo de 2010

Entrevista a Eduardo Palumbo

“Lindo haberlo vivido, pa’ poderlo contar”
Eduardo Palumbo llegó a San José en el año 1965, a trabajar en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) invitado por su director, Juan Carlos Muszwick. Estuvo hasta marzo de 1966.
Después quedó vinculado al departamento porque el presidente del Club Atlético Universal le pidió que se encargara de la preparación física y la dirección técnica del cuadro. Viajaba desde Montevideo tres veces por semana. Trabajaba en la capital del país en el Departamento de Obra Comunal, con el Profesor Leonardo Clausen.
A fines de 1966, deja Universal porque tenía programado irse a trabajar en verano a la Administración del Campamento Artigas. A mediados de diciembre, Clausen (su amigo y mentor) le pregunta si quería ir a trabajar a la Colonia de Vacaciones de Asignaciones Familiares en San José…

ESTELA SELLANES

En la Colonia le pagaban $1.500 cada 10 días. El 26 de diciembre de 1966 vino la primera avanzada a conocer el lugar. Había tres o cuatro líderes de Montevideo.
El 9 de enero de 1967 llega el primer grupo al campamento. El grupo pionero estaba integrado por 48 niños. La Colonia aún no estaba terminada ni estaban prontos el comedor, ni la piscina. Sólo había dos cabañas con cuchetas, el resto no tenía camas y no había luz.
El 26 de febrero se inaugura oficialmente la Colonia. Era la primera de toda América Latina. Ese verano se trabajó con campamento de varones y hubo dos o tres campamentos de niñas.
Cuando se termina la temporada, Eduardo vuelve a Montevideo.
La única institución que había en Uruguay con experiencia de trabajo con niños era la ACJ, entonces Asignaciones firma un convenio. El directorio de la ACJ delega en Leonardo Clausen la dirección de programa de la Colonia.
A fines del 67 se organiza un campamento para jóvenes beneficiarios de Asignaciones Familiares, con el propósito de formar líderes.
La temporada del 68 se inicia con líderes de Montevideo y San José. Entre ellos estaban Carlos Calisto, José Alfonso, Sergio y Omar Betarte, Walter Benítez, Roberto Costa, Wiliam García, Loche Barceló, Raúl Roldán y Marianela Fernández.
Clausen se va a dirigir la Escuela Martirené y como director de la Colonia queda Juan Carlos Muszwick. En el año 1970, Muszwick se va a Montevideo, Asignaciones Familiares se separa de la ACJ y Eduardo Palumbo queda como Director de Programa (luego Jefe de Programa).

Trabajo con las escuelas
En el año 69 se habían comenzado a realizar algunas experiencias con algunas escuelas de San José. A una escuela de Playa Pascual se le había volado el techo y como solución los niños se instalaron en la Colonia; estuvieron 20 días. Como la Colonia estaba pensada para trabajar en verano y en invierno quedaba desierta, se pensó en firmar un convenio con Primaria. Así, durante el invierno llegaban escuelas de todos los departamentos. Se intercalaban las escuelas en diferentes grupos que se formaban por edades. En la mañana tenían clase con la maestra, pero no en el aula, sino recorriendo, por ejemplo, la planta potabilizadora, el tambo (había niños que nunca habían visto ordeñar una vaca), o a la naciente del arroyo Carreta Quemada. Durante la tarde se realizaban las actividades propias de campamento.
En el año 1971 se implementó un Plan de Salud Bucal, en el que la odontóloga Alma Corujo trabajaba con los niños. A cada uno se le revisaba y arreglaba la dentadura.
A los niños se les daba todo, desde toalla, zapatillas, pasta de dientes, vestimenta, botas de lluvia, alpargatas, sábanas, etc.
En la Colonia había tambo, criadero de cerdos, de aves y una quinta con riego. La Colonia se autoabastecía; una parte de la leche se enviaba a Conaprole y se abastecía de verduras y pollos a los sanatorios de Asignaciones Familiares.
Los campamentos en principio eran de 10 días, después pasaron a ser de 5. Había líderes que trabajaban sólo en verano, pero había quienes estaban todo el año. En un momento se vio la necesidad de formar nuevos líderes, jóvenes.

1973
La temporada de 1973 comienza tranquila. Cuando estalla el Golpe de Estado la situación era normal en la Colonia. En la Comisión Interventora de Asignaciones Familiares estaban el Coronel Ibáñez, otro médico cuyo apellido no recuerdo Ballarini. Los campamentos continuaron funcionando. “Pero a fines de 1973 se empieza a dar el acoso moral y laboral”. “Almada, que era el administrador, fue uno de los más acosados”
En enero de 1974, al comienzo de la temporada, Eduardo Palumbo llega a la Colonia y se encuentra con que Almada se había enfermado y tuvo que hacerse cargo de todo hasta que llegó un inspector de Asignaciones Familiares.
A mitad de la temporada nombran como interventora de la Colonia de Vacaciones a Susana Papariello de Sánchez.
Después de la temporada seguía el campamento co-educacional para chicos que posteriormente iban a hacer el curso de líderes en las vacaciones de julio. Previo al campamento la interventora le informa a Palumbo que iba a ser trasladado, pero como no tenían quién dirigiera las actividades, se iría después del campamento. «Ahí empezaron los primeros roces».
Cuando termina el campamento, a Palumbo le piden la nómina de los profesores para el curso de líderes. Eran secretarios de la ACJ y profesores del Instituto Magisterial Superior, gente como Reina Reyes y Élida Tuana. Palumbo recuerda que iba Héctor Perera de San José.
Cuando presenta la lista, le informan que el curso no se iba a hacer «porque los profesores eran todos comunistas». «Profesores que algunos serían de izquierda, pero la mayoría no».
«Yo sigo estando en la Colonia; seguimos teniendo algunos roces con la comisión interventora… Decían que los juegos que se hacían era para enseñar acciones guerrilleras… Y eran juegos de campamentos, que nosotros los habíamos aprendido desde los 6 años en el Campamento Artigas, juegos como la toma de la bandera, la búsqueda del tesoro y la cacería del zorro… Yo no me callaba, porque no podía callarme la boca…»
Cuando a Palumbo le piden la lista de líderes para el futuro campamento, la interventora vuelve con la lista y cada nombre aparecía acompañado con las letras de a qué partido pertenecía la persona. «Yo nunca le había preguntado a los líderes de qué partido político eran, sino que a mí me interesaba que trabajaran bien con los niños… Eso había salido de adentro de un grupito de la Colonia de Vacaciones, porque de otra manera no podían conocerlo».
A fines de octubre la interventora le plantea que se iba a hacer un campamento en Navidad. Palumbo responde que en Navidad, que era un fecha especial, no se podía hacer campamento, los líderes no iban a aceptar y los niños no iban a pasar una Navidad alejados de sus familias. «Ella me plantea que si no venían líderes iban a traer soldados… Yo le contesté que yo no dirigía a militares… Ahí ya fue la ruptura total. A mí me avisan que me dan un mes para retirarme de la Colonia y que en ese mes iban a resolver a dónde me mandaban».
Palumbo vivía en la Colonia. El 1 de noviembre de 1974 lo trasladan a la Caja de Asignaciones Familiares con el grado de Aspirante a Auxiliar Administrativo; de jefe pasó al último escalafón, sin explicación ninguna.

Épocas duras
Vivió momentos difíciles, al punto que dejó de ser saludado por compañeros de la Colonia. El temor era moneda corriente. «Fue una etapa embromada, pero que sirvió porque ahí tú conocías quién realmente era tu amigo. Quién se quedó en la Colonia porque necesitaba trabajar y quién se quedó y colaboró con el régimen de la dictadura».
Trabajó en la Caja de Asignaciones Familiares hasta 1979 cuando le vino un traslado para la Sub-agencia de Bella Unión. La Comisión Interventora de Asignaciones había cambiado, cuando eso estaba el Coronel Galarza, Gigovre (que después fue Ministro de Salud Pública) y Ballarini.
Dos días antes de salir de licencia, le avisan de su traslado. Cuando se entera, Palumbo se retira porque se siente el enfermo e informa que a Bella Unión no iba.
Cuando le piden que se reintegre a la Caja, a los tres días le anuncian que tenía que ir a Montevideo a una entrevista con el Capitán Miralles. La dirección que le dieron fue Duvimioso Terra casi 18 de Julio.
«Era una casa vieja, grande, que no tenía ningún cartel en la puerta… Cuando golpeé salió un tipo rapado, informé que yo era Palumbo, de San José. Me hicieron pasar y estuve como 45 minutos sentado esperando en una pieza… Al rato me anuncian que había llegado el Capitán Miralles, me hicieron pasar a otra pieza ¡que asustaba! Contra la pared había una ametralladora, un rifle, un sable; sobre el escritorio estaban los libros que había sacado la Dictadura sobre la sedición y una pistola… Yo pensaba ‘de acá no sé si salgo’… El Capitán Miralles me dijo que el Coronel Galarza le había informado que mi traslado a Bella Unión se hacía».
Palumbo tenía su familia, tenía hijos; su señora (Susana Bauzá) trabajaba como maestra en una escuela de San José. Después la trasladan a Libertad, cuando en realidad había dado concurso y tenía derecho a elegir cargo en la Escuela 45.
En la reunión con Miralles, Palumbo pide explicaciones; pregunta cuáles eran las denuncias por las que lo trasladaban. Le responden que porque “era comunista”, “un agitador en San José” y que “le había dado una vivienda a un ex-preso político en la Cooperativa de Viviendas”.
Wiliam García había estado preso. Cuando lo soltaron necesitaba vivienda. Se presentó a la Cooperativa de Viviendas por Ayuda Mutua, en Ucovita, donde Palumbo era presidente. Él no era quién decidía sino los 61 socios.
Palumbo dijo que a Bella Unión no iba… La decisión le costó el puesto. Se quedó sin trabajo.
Se fue dos años a trabajar con su hermano en una barraca que tenía en Maldonado. Cuando se rompió la tablita la barraca se fundió y Palumbo volvió a San José. Tuvo que rebuscarse la vida haciendo de todo.
Recuerda que en esa época, gente que apenas conocía se acercaba a informarle sobre trabajos que había disponibles. Un empresario de San José, que conocía al Coronel Galarza, le ofreció que lo acompañaba a hablar con él. Una persona que le dio trabajo a muchos maestros destituidos…

La etapa de Fucvam
Palumbo ingresa a la Dirección Nacional de Fucvam en 1982. Estuvo hasta 1988. Sus viajes a Montevideo eran frecuentes. Era común que llegara a San José a la 1 de la mañana en Agencia Central, después de las reuniones. Como no tenía teléfono en su casa, su familia pasaba nerviosa porque pensaba que le podía pasar algo e incluso no volver. La ansiedad era terrible.
«En las reuniones de Fucvam se ponía un compañero en la esquina, otro en la puerta y si te pegaban tres timbrazos había que salir disparando por la azotea… Igual eso nunca pasó».
Uno de los que participaba en ese entonces en Fucvam, con 22 años, era Fernando Nopistch.
En determinado momento empiezan a trabajar en la idea de organizar una recolección de firmas para que se hiciera un plebiscito porque a las Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua las querían pasar como propiedad horizontal (eso implicaba que el usuario figuraba como dueño de la vivienda, por tanto, si se atrasaba en el pago de cuotas, el Banco Hipotecario le podía rematar).
El Comisario de Inteligencia de San José era un militar oriundo de Treinta y Tres. A fines del 83 y principios del 84, los dirigentes de Fucvam eran casi todos los días citados a Inteligencia, todo porque la recolección de firmas implicaba tener contacto con los diferentes partidos políticos. Se hacían reuniones a escondidas, con el Partido Nacional, con el Partido Colorado, la Unión Cívica, con la Comisión de Arquitectos…
El 26 de febrero del 84 se iba a hacer una jornada de recolección de firmas. Era un domingo. El sábado de mañana fueron citados por el Comisario, que les informó que el Ministerio del Interior había declarado inconstitucional la recolección de firmas.
«En toda esa etapa el que siempre estuvo colaborando con nosotros como abogado fue el ‘Turco’ Sfeir»…
«Pasamos toda la noche escuchando CX 30, porque estaban los directivos de Fucvam. El comisario nos había dicho que a las 7 de la mañana teníamos que estar en Jefatura para informarle qué hacíamos… Nos acompañó Sfeir… A él le gustaba enfrentarse a la autoridad. Persona más democrática que él, no había… Cuando el Comisario dice que el Ministerio había declarado inconstitucional la recolección de firmas, cuando nombra la palabra ‘inconstitucional’, el Turco le empieza a dar una lección sobre constitucionalidad; le dijo que los que habían violado la Constitución eran ellos… Y termina abrazando al comisario y diciéndole que le prestara las camionetas a los muchachos para que salieran a recolectar las firmas…»
Había voluntarios de todos los partidos políticos que se habían anotado para colaborar con la recolección. Estaba todo tan perfectamente organizado que se llegó hasta Ecilda Paullier, Libertad y Playa Pascual.
La organización recolectó 400 mil firmas en un día.

Al calabozo
En junio se realizaba el segundo encuentro de cooperativas del interior, en San José, organizado por Ucovita. Estaba programado para el 16 de junio, día en que llegaba a Montevideo Wilson Ferreira Aldunate después de su exilio… A Palumbo le tocó hacer el discurso final. «Como ya estaba la efervescencia de que se acababa la dictadura, la muchachada cantaba ‘se va a acabar, se va a acabar, la dictadura es militar’ y ‘el que no salta es un botón’».
El 19 de junio llega hasta la casa de Palumbo un funcionario de Inteligencia a decirle que el Comisario quería hablar con él. Palumbo le contesta que iría de tarde.
«Cuando llega Susana, le digo ‘si yo a las 6 de la tarde no llego a salir, andá a buscar a Sfeir».
Cuando el comisario lo interroga, pretendía que le dijera quién había organizado el encuentro de cooperativas del interior, que nombrara quiénes integraban la Dirección Nacional de Fucvam y quiénes eran los invitados.
“Después me pasan para un sección abajo, me siguen interrogando y como a las 11 de la noche me suben al escritorio y me hacen firmar mi declaración (…) Cuando firmo, me dicen que quedaba detenido. Pedí para hacer una llamada para avisarle a mi señora. Me pasan al calabozo, no había colchón, no había nada… Después mi señora me llevó un termo con café… los cigarrillos nunca aparecieron”.
“De acá llaman a Montevideo a la Dirección Nacional. Yo me vengo a enterar al otro día, cuando me sueltan, que dos compañeros, Fernando Nopistch y José Tognola se habían venido de madrugada a la Jefatura y habían pateado la puerta… Cuando me sueltan y me encuentro con ellos me contaron que habían venido porque según ellos, yo, además de ser un directivo de Fucvam, era un amigo… y ‘cuando los amigos están en la mala, nosotros tenemos que estar presentes’. Mientras tanto, Gustavo González, que era presidente de la Federación, por la CX 30 estaba denunciando que a mí me habían llevado detenido…”
Palumbo continuó tres años más en la Federación, en democracia y luego se retiró.

Hilvanando recuerdos
«En todo el interín de la dictadura sucedieron cosas que eran impensables… En el famoso Año de la Orientalidad, yo estaba en Asignaciones, y a todo teníamos que ponerle el sello del Año de la Orientalidad; a veces, a propósito, lo poníamos al revés… para buscarle la vuelta, cada uno buscaba una inventiva.
(…) Nos pasábamos la voz y nos juntábamos con alguna gente en la Iglesia, y ahí te pasaban un cassette de Wilson, y después venías y lo escuchabas bajito en tu casa.
(… ) En una fecha patria, todos los funcionarios públicos teníamos que ir a la oficina, el gerente leía una proclama y se izaba la bandera en la «Plaza 33». Me acuerdo que cuando se estaba izando la bandera… yo no sé si no fue algo divino… se corta la cuerda y la bandera sale volando… Ahí el Coronel Monesiglio empieza a hacer un discurso fuera de lo pactado, que después nos enteramos le costó 30 días de arresto de rigor.
Me acuerdo de juntarnos cuando se formó la Comisión de los Destituidos, en lo de Mario Sóñora, y cuando nos íbamos de noche nos teníamos que cuidar de que no nos estuvieran siguiendo.
Difícil era no poder confiar en los demás.
A la Caja llegaban disposiciones de que no podíamos estar más de 3 funcionarios juntos charlando, porque podíamos estar conspirando.
Gente que considerabas amiga, un día se daba vuelta y te clavaba el puñal por la espalda, o gente que no tenía por qué, te ayudaba…
Pero los principios a mí no me los van a sacar nunca…
Hay gente que murió en la dictadura, otros que pasaron muy mal adentro, presos, otros que pasamos muy mal afuera… pero es lindo haberlo vivido para poderlo contar a nuestros hijos y a otros jóvenes».

Pascualina de Arroz y Espinaca de Monona

Quien les escribe es María Inés Alves.

La pascualina de Monona
Mezclar en un bols:
2 atados de espinacas (yo uso 1 y a veces acelga) cortaditas finas.
Fiambre.

1/2 taza de arroz.
1/2 cebolla.
1/2 morrón rojo.
1/2 taza de queso parmesano.
1/2 taza aceite.
1/2 taza leche.
3 huevos.
Sal, pimienta y otros gustos si se desea.

Mezclar todo.
Rellenar y cocinar como todas las pascualinas.
Personalmente me gusta con huevo batido y azúcar encima. Je, je, de gordita que soy.
Masa a elección.

Si les gustó, les puedo pasar la receta de masa de empanaditas de Tía Nerea o el Soufflé de zapallitos de la mamá de Tiki.

Je, je, je... yo también le pongo nombres a las recetas.

Muchas gracias, María Inés, por esta receta.

viernes, 19 de marzo de 2010

Home de verdade ese Ibrahim

Esta anécdota la escuché muchas veces en las reuniones familiares. Finalmente pude conseguir la versión escrita.

HOME DE VERDADE

No se cuántos años tendría.

Parecía viejo, pero tal vez no lo fuera: el trabajo bruto y la caña brasilera hacen milagros con el aspecto de un hombre. Milagros atroces.

Esas eran las especialidades de Ibrahim: el trabajo bruto, como peludo cañero cuando empezaba la zafra, y la caña brasilera al fin de cada quincena.

Al principio, porque después era una sóla y continuada borrachera, empezaba un día de pago y retocaba después noche tras noche.

Era bueno en las dos cosas. Sacaba solito una lucha y la cargaba; se bebía, también solito un litro de aguardiente fronterizo, alcohol casi puro hecho de cualquier cosa, coloreado y etiquetado.

Una noche, más borracho que de costumbre en el miserable bar del bajo cercano a los obrajes, dio en repetir, entre uno y otro vaso, la misma afirmación al cantinero, un peludo viejo convertido en comerciante, de apellido Cantos.

- “Homem aquí neste bar, e so nos dois: eu e o Cantos, ¿nao é, Cantos?”

El cantinero asentía un poco molesto, y seguía atendiendo a los parroquianos que rodeaban el mostrador y el billar.

Ibrahim se sosegaba un rato, medio dormido sobre el vaso. Pero de repente se acordaba de su coraje y repetía, aumentando, su estribillo:

- “Homem, mas homem mesmo, que nao tem apañado de ninguém, aquí, nestes barrios, e so nos dois: eu y u Cantos” - y dirigiéndose al otro: - “¿No é, Cantos?”

El cantinero, viendo que los escasos parroquianos, habían entrado a mirar de reojo a Ibrahim, optaba por no contestarle.

Nervioso seguía sacando vasos de detrás del sucio mostrador de tablas. Ibrahim se aquietaba, medio dormido. Al cabo de un rato Ibrahim revivía sobre el mostrador, y volvía a la carga:

- “Eu garanto. Homem de verdade, que nao se corre, mas homem mesmo, aquí nestes recantos, e so nos dois, eu e o Cantos.” - y miraba al otro: - “¿No é, Cantos?”

Un obrerito joven, con el cansancio reciente y malhumorado del que todavía no acostumbró el cuerpo al trabajo durísimo, se había ido encocorando más y más, en rabioso silencio, frente a la bravuconería alcohólica y machona del otro.

Apretaba en una mano el vaso de caña y en la otra la vaina del facón de despuntar que llevaba consigo por si acaso. Cada vez más irritado, sorbía su bebida sin hablar, mirando de vez en cuando el rincón donde Ibrahim se recostaba. Ajeno al malhumor del otro, Ibrahim volvió a la carga.

- “E assim mesmo, homem que no apaña, homem de verdade que nunca levou zurra de ninguém, aquí neste Uruguay todo, so nois dois, eu e o Cantos.” Y miró al patrón para completar su cantinela, pero no llegó a hacerlo, furioso, desbordado, y posiblemente un poco entonado también, el peludo joven se le vino encima sin decir palabra.

Sacó la vaina del facón, de cuero grueso, y empezó a descargar planchazos sobre Ibrahim, que aunque no era en modo alguno un hombre débil, estaba demasiado bebido para defenderse.

Se acalambró la mano bajando vainazos sobre el otro que terminó rodando bajo el billar, en parte para protegerse y en parte por la imposibilidad de mantenerse en pie.

Los parroquianos seguían atentos sin interrumpir ni tomar partido: de peleas de borrachos en bares más de uno terminó apuñalado, sin comerla ni beberla, por meterse a comedido.

Cuando el mozo se cansó de pegar, tiró el dinero sobre el mostrador, se encasquetó la gorra y se fue. Ibrahim, saliendo a cuatro patas de abajo del billar, miró cuidadosamente a uno y otro lado, como para asegurarse de que su enemigo ya no estaba.

Todavía a gatas, alzó los ojos hasta el cantinero que lo miraba a través del mostrador, y le dijo en tono triste:

- “¡Agora so fica tú, Cantos!”

lunes, 15 de marzo de 2010

Efraín Ferreira Ramos

Quien les habla es Blanca Castro.

Mi papá, Carlos Castro Ferreira Ramos nos contaba su niñez en lo de abuelito Amaro. El vivió con los abuelos y como el patio de abuelito se comunicaba con la casa de su hijo Eufronio, los primos prácticamente se criaron juntos.

Entre las dos casas, una frente a la Plaza Batlle y la otra en la calle paralela, ocupaban casi media manzana.

Efraín, el personaje del cuento, era bastante consentido, parece que debido a las circunstancias de no tener madre, pasaba todo el tiempo que podía sin zapatos. Cuentan que una vez, tenía tan gruesa la suela de los pies, que prendió un fásforo, sorprendiendo a toda la gurisada que lo miraban como si fuera un fenómeno.

El tenia una gallina bataraza que la había criado desde pollita y a la cual le puso el nombre "LA MISTERIOSA".

La cocinera tenía orden de no tocarla, recuerden que en aquel entonces, las gallinas que se comían se criaban en los gallineros de cada casa. ¡Ahora comemos pollos de criadero!

Un día cambiaron de cocinera y le ordenaron hacer gallina con arroz. La cocinera mató una gallina, la peló con agua caliente, (¿tienen idea de como se hace, o ya lo olvidaron?), la cocinó y todos comieron, incluído Efraín.

Horas más tarde, él buscó su galllinita y solo encontró las plumas en la basura. Se puso tan mal que dijo que nunca más comería gallina y así lo hizo.

Tuve oportunidad de preguntarle cuando él tenía más de 70 años, si después de tantos años él comía gallina y me respondió que no, que tal vez fuera costumbre o manía, pero que no lo hacía.

Hace algunos años, en Artigas, no estoy segura porque a veces la memoria me juega alguna mala pasada, creo que le pregunté a uno de sus hijos, sobre si seguía sin comer gallina.

El hijo me confesó que cuando le daba pollo, le decía que era pescado.

Efraín en ese entonces, estaba ya muy viejecito, tenía la misma edad de mi papá.

Gracias Blanca, por esta anécdota.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Casamiento de Elbio y Tine


Quien les habla es Mirta Sasiaín Ferreira Ramos.

Como Uds. saben, tio Elbio fue el más Don Juan de la familia, por lo menos el que se casó más veces.

El 26 de Enero de 1955, se casó en 3as. nupcias con la que había sido su primera novia, Eglantine Tofis (Tine), quien es su actual viuda, y que además era hermana de la tía Lila.

La fiesta de su casamiento fue un evento muy divertido para los que éramos niños en aquella época y vivíamos por el Sur. Se realizó en la casa de los tíos Mito y Lila en Canelones, donde tío Mito era Actuario del Juzgado. Así que allí estábamos Edgardo (dueño de casa), Graciela Sanchís (hija del primer matrimonio de Tine), Luis, mis hermanos Roberto y Juan José, yo Mirta, supongo que Titina (prima de Edgardo, hija de Oda) y no sé cuántos niños más.


Era una casa muy grande y alargada. Los mayores estaban muy entretenidos con sus brindis y sus charlas, los niños corríamos y jugábamos.


En determinado momento llegó la hora de partida de un invitado que no recuerdo quien era, que tenía una camioneta y ésta no arrancaba. Todo el mundo fue para la calle a ver qué se podía hacer.

Cuando de repente examinan el caño de escape y lo encuentran totalmente tapado con SANDWICHES!!


Luego de un amplio interrogatorio a los niños, Luis A. FR resultó el culpable de la travesura, pero según me ha confesado el infrascrito hace unos pocos años, fue mi hermano Roberto el instigador.


Eran todos muy bandidos en esa época, no había tantos Nintendos ni PlayStation, había que usar la imaginación pura y dura.

Gracias Mirta, por traernos esta anécdota.

sábado, 6 de marzo de 2010

Papapo por Eduardo Palumbo

Soy Eduardo Palumbo Ferreira Ramos y las anécdotas que relataré a continuación, son tal y como me fueran contadas por mi abuelo Papapo, conocido por el resto de la familia como Justo Ferreira Ramos.

Las fotos son del Sable y Guampa de Don Amaro, mientras que la Estaca y la Vaina eran de Papapo.

ROSA BLANCA FERREIRA RAMOS
Estando embarazada Doña Eusebia de Rosa Blanca, Don Amaro se encontraba cerca de la frontera de Rivera, cuando le avisaron que las tropas blancas habían tomado Artigas. Inmediatamente resolvió volverse y puso en el medio del batallón una caballada, para que levantara polvareda y creyeran los blancos que llegaba el ejército, mandado por el Coronel Galarza.
Los blancos se van de Artigas cuando ven eso, y cuando entra Don Amaro a su casa, ya había nacido una niña.
Doña Eusebia entonces, le cuenta que una mañana cuando una de las empleadas se asoma a la ventana, ve las tropas blancas y se asusta, corriendo a contarle a Doña Eusebia la novedad.
Quien capitaneaba las tropas blancas era Don Nicolás de la Sierra, quien enterándose de que la esposa de su enemigo, está embarazada y a punto de dar a luz, se presenta ante ella y le dice que va a dejar una guardia de confianza en la puerta de su casa, para su protección.
- "No tengo miedo, pero le agradezco el gesto." - contestó Doña Eusebia.
Por ese motivo, cuando llega Don Amaro, le cuenta que nombró a la niña "Rosa Blanca" en homenaje a la gentileza del Capitán blanco.

DON AMARO EN MASOLLER
Cuando se avecinaba la Batalla de Masoller, Don Amaro comandaba la División Artigas del Ejército del Norte, y sus tres hijos mayores, Máximo, Eufronio y Justo, habían ido con él, a luchar, Papapo era el menor de los tres. En la batalla de Masoller, en 1904, tenía solamente 18 años de edad.
Don Amaro mandó a Papapo que llevara una tropilla a otro lugar lejano a la batalla, para que no estuviera en ella.
Papapo se presenta ante Don Amaro y le dice:
- "Mi Comandante, yo vine a pelear y no a huir llevando una tropilla."
- "Entonces, Soldado, prepárese para la batalla." - le contestó Don Amaro.
¡Que época esa, que un hijo trataba al padre de Comandante y el padre al hijo de Soldado!
Una vez finalizada la batalla, los Blancos, derrotados, se retiraban.
Don Amaro ve que un sargento de su ejército, medio tomado, quería degollar a tres soldados Blancos.
Lo paró en seco. (Degollar al enemigo era común y le decían hacerle la corbata roja, porque al degollarlos se formaba con la sangre que corría por el pecho, algo parecido a una corbata.)
El sargento le dijo que había que hacerlo, porque le habían llegado noticias de que los Blancos habían matado a los tres Hijos de Amaro.
Don Amaro le contesta que son rumores y aunque así fuera, no lo permitiría. Llamó a un cabo de su confianza y le ordenó que llevara a los tres prisioneros y a una mujer embarazada que los acompañaba, con las tropas Blancas de Aparicio Saravia que se retiraban.
Pasado el tiempo, toca a la puerta de su casa un matrimonio que solicita hablar con Don Amaro. El mismo los recibe y la mujer le cuenta que ella era la embarazada que él salvó en la Batalla de Masoller, y el bebé que llevaba en sus brazos, era el que ella cargaba en su vientre. Le venían a pedir que Don Amaro fuera el padrino del niño.

SENADOR POR ARTIGAS
Don Amaro asume como senador de la República.
En esa época había un Senador por Departamento.
Blancos y Colorados entraban por sitios distintos al Palacio Legislativo.
Cuando va a entrar al Palacio, pretendió entrar por el lado colorado, por supuesto. El portero le señala que tiene que entrar por el lado de los Blancos.
- "¡Pero yo soy senador del Partido Colorado!" - argumenta Don Amaro.
- "¿Usted es Don Amaro Ferreira Ramos?" - le pregunta el portero.
- "Así es" - confirma Don Amaro.
- "Allí dentro lo están esperando." - le indica el portero.
Entra Don Amaro y se le aproximan tres senadores blancos:
- "Quizás usted no se acuerde de nosotros" - le dicen a Don Amaro - "pero usted perdonó nuestras vidas en Masoller, salvándonos de ser degollados y queríamos brindar a su salud."
Tenían champagne, pero como Don Amaro no tomaba, brindó con agua.

LA COMPRA DE LA CASA
La casa de Don Amaro, ocupaba tres cuartos de manzana, frente a la Plaza Batlle.
A la propiedad se llegaba por Avda. Lecueder. Su historia es muy interesante.
Cuando el terreno y la construcción vieja que había allí se puso a la venta, Doña Eusebia le planteó a Don Amaro:
- "¿Que le parece comprar esa propiedad?"
- "Me gustaría, pero mis medios no me lo permiten. No dispongo de ese dinero." - contestó Don Amaro.
- "Yo tengo el dinero." - retrucó Doña Eusebia.
- "¿Y como es que tiene usted tanta plata?" - la interpeló Don Amaro.
- "Yo fui guardando el cambio de lo que usted me daba para los gastos y tengo la cantidad necesaria en libras esterlinas guardadas debajo del colchón." - contestó Doña Eusebia.
¡Y así fue como se compró esa propiedad!
Después, con el tiempo, le fueron agregando piezas y dependencias.

CON DON JOSÉ BATLLE Y ORDÓÑEZ
Me comentaba Papapo que cuando llegaba Don José Batlle y Ordóñez a Artigas, a verlo, se ponía una alfombra roja en la entrada, y se le daba a toda la gurisada la orden de no molestar.

SU MADRE, DOÑA ISABEL ROLÓN
Siendo ya Jefe Político y de Policía del Departamento, le avisan que su madre, Doña Isabel Rolón, que vivía en otra casa, andaba golpeando las puertas del vecindario, pidiendo comida.
Salió Don Amaro a buscarla en su coche, y la encontró en la cuadra de su casa, golpeando la puerta de un vecino.
- "¡Pero mamá! ¿No le alcanza con el dinero que le envío? ¿Porqué no me pidió más, si necesitaba?"
- "Pero m'hijo, eso se me gasta entre los que llegan a mi puerta a pedir, y algunos que ni conozco. Así que yo doy siempre lo que tengo, por eso los vecinos son buenos, y me dan cuando les pido." - le contestó Doña Isabel.

¡Por supuesto que le daban! ¡¿Quién no le iba a dar a la Madre del Jefe Político y de Policía del Departamento?!
En aquella época si no era dueño del departamento, era por lo menos una potencia.
Y este pedido de Doña Isabel, hacía tiempo que venía ocurriendo, sin haberse enterado Don Amaro.
Por supuesto que fue solucionado, pero quedó en la memoria de muchos, que la Madre del Jefe anduviera por las calles pidiendo limosna.

GOLPE DE ESTADO DE TERRA
Cuando el golpe de Estado de Terra, éste le ofreció a Don Amaro el Ministerio del Interior, y Don Amaro lo rechazó, contestándole que no estaba de acuerdo con el golpe de Estado, que él no era golpista, y se retiró a su querida Artigas.

INTERNACIÓN EN HOSPITAL MILITAR
Mi mamá, Herminia Ferreira Ramos de Palumbo, me contaba que le preguntó a Papapo, cuando trajeron a Don Amaro para internarlo en el Hospital Militar:
- "¿Porqué Don Amaro está solo en una pieza privada y con antesala?"
- "Porque tenía el grado de Coronel." - contestó Papapo.

MUERTE Y PÉRDIDA DE LA CASA


Al morir Don Amaro, no se pudo levantar una hipoteca contraída para atender sus gastos de enfermedad en 1937, y la casa se perdió.
Fue rematada 1 peso por encima de la base fijada en $8.000.- de los de antes.
El, siendo Jefe Político y de Policía de Artigas, que en esa época debía ser como el dueño del pueblo, la mano derecha de José Batlle y Ordóñez en el norte, senador de la República, falleció sin un peso. ¡Que época! ¿No?

Estas anécdotas me las hacía siempre Papapo, a quien yo le pedía que me contara y que me prestara la espada de Don Amaro.
Entonces sentado en su falda, agarrando la espada y las manos de Papapo, me sentía protegido. Hasta el día de hoy, siento esas manos tan grandes y poderosas, pero tan cariñosas y la cara de él, tan suave...
Me gustaba pasarle la mano por la cara.

Estas anécdotas fueron suministradas por Eduardo Palumbo, quien tuvo la gentileza de compartirlas.

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