Las hemos visto cuando crecíamos. Nada más típico que dos adolescentes mujeres pegadas una a la otra, yendo a todos lados juntas, hasta al cuarto de baño.
¡Ojo! que lo mismo ocurre con los hombres, aunque quizás no vayan juntos precisamente al baño.
En nuestra familia se han visto casos de duplas, que se hicieron famosas. Veamos:
Efraín y el Flaco DaglioEstos dos eran compañeros de festicholas y salidas nocturnas.
Mi papá me contaba de las salidas de estos dos, los sábados, alrededor de 1937.
Asistían a bailes, buscando aventuras amorosas: 2 Picaflores en busca de romances de una noche.

En gringo, eso sería – “Wham, bam, thank you M’am” – para los políglotas.
Todo lo que hablaban y decían estaba designado para el único propósito de conseguir pasar un buen rato con una muchacha de su agrado, así es que incurrían en las mentiras más grandes.
Mentían hasta por el placer de mentir.
Así es que, en uno de estos bailes, luego de
Efraín bailar con una muchacha, ésta lo lleva a su mesa, donde estaba una amiga de ella sentada.
Ni corto ni perezoso, Efraín le hizo una seña al Flaco Daglio, para que viniera también a la mesa.
Efraín entonces, muy serio, comenzó a hacer las presentaciones pertinentes:
- “Mirá, te voy a presentar a un amigo…” – comenzó Efraín, cuando interrumpió el Flaco, que vaya a saber porqué, no quería dar su nombre verdadero.
- “
José Gervasio Artigas Washington” – se presentó el Flaco Daglio.
Y oyeron que, sotto voce, una muchacha le comenta a la otra:
- “¡Este pelo meno e
Ingeniero…!”
Ahí quedó la cosa, pues parece que ambos largaron la carcajada.
Conrado y el Chingolo Bofil De acuerdo a papá,
Conrado era Comisario en Artigas, lo cual no lo privaba de tener sus noches de beberaje con sus amigos, entre los cuales se contaba el notorio Chingolo Bofil, hombre robusto, alto y grande como “huevo de yegua”, dirían los paisanos.

Luego de una reunión de éstas, en la cual se tomaron hasta el agua de los floreros, en vez de irse a dormir la mona, se fueron a un rancho, con piso de tierra, en las afueras de Artigas.
Se notaba que el horcón del medio, sostén del rancho, no les había quedado del todo vertical, pues de arriba salía un grueso alambre que terminaba en una gruesa estaca, para afianzar todavía más la construcción.
Se estaba realizando un baile de campaña típico, con reglamento en la puerta y todo, a saber:
REGLAMENTO
1. E proibido sentar mais de duas velhas juntas.
2. Quem fale da vida alheia não come rosca de ovos.
3. E proibido cuspir no chão sim espalhar com o pie.
4. E proibido disparar com o calibre maior do 44 pra não assustar as mulheres.
5. Quem apague o lampião a tiros vai tomar pau hasta ficar abacalhado.
Luego de leer el reglamento, quisieron entrar, pero en las condiciones que estaban, ambos completamente borrachos, no los dejaron.

Así quedaron, a la vera del camino, buscando formas de vengarse, cuando dieron con una máquina de alambrar, con las cuales se consigue tensar los alambrados.
Los dos mamados, acoplaron la máquina, al alambre que iba del horcón del rancho a la estaca, y empezaron a dar vueltas a la manivela, con el resultado de que el rancho empezó a inclinarse peligrosamente, crujiendo su estructura y haciendo que saliera todo un gentío del baile, a averiguar lo que pasaba.
Allí luego de manotazos y puntapiés, terminaron los dos presos en una Comisaría de las afueras de Artigas, donde el Comisario encargado, era enemigo político de Conrado.
La Comisaría tenía un teléfono antiguo, de pared, de esos que había que darle vuelta a la manija para conseguir la conexión inicial, y el Comisario estaba más que encantado de llamar a la Comisaría de Artigas a comunicar que el Comisario Conrado había sido encontrado borracho, acusado de desorden público, pretendiendo tirar un rancho abajo.
El Chingolo Bofil que estaba más lúcido que Conrado, intentó impedir la comunicación.
- “¡Llame por teléfono a Jefatura!” – ordenaba el comisario a un guardia civil.
- “¡No llame!” – interrumpía el Chingolo Bofil.
- “¡Llame!” – repetía el Comisario.
El Chingolo apoyó entonces su bota en la pared, tomando el teléfono con las dos manos, lo arrancó de su sitio y lo tiró al piso, destrozándolo.
- “¡Llamá ahora!” – le dijo entonces al guardia civil.
No se pudo comunicar en su momento, y al otro día, al estar lúcido Conrado, consiguieron que todo este berrodo no tuviera grandes consecuencias.
Conrado y Enrique BrazeiroCuando fue preso Conrado, se encontraron con que estaba también preso su pariente, Enrique Brazeiro, motivo por el cual los colocaron en la misma celda.
Tanto Enrique como Conrado, eran personas cultas, con profundas convicciones en sus conocimientos, así es que mantenían discusiones filosóficas, religiosas, históricas y de lo que fuera.
Ambos tenían locos a los guardia civiles, pues les pedían que les trajeran libros de la Biblioteca para avalar sus distintos argumentos.
- “Vaya a ver al Sr. Fulano de tal, diga que le preste este libro…” – solicitaba uno y otro, y allá iban los milicos a buscarles lo solicitado.
Esto sucedió durante varios días, hasta que finalmente Enrique pidió que lo cambiaran de celda.
A cualquiera que le preguntaran, pensarían que finalmente las discusiones bizantinas que tenían, habían sido la causa de la solicitud.
¡Pues no!

Las celdas no tenían baño. Para ir al cuarto de baño había que pedirle a un guardia civil, quien abría la celda, y había que caminar casi 50 metros para ir al retrete, lo cual era un inconveniente, sobre todo durante las noches.
Pero Enrique tenía una escupidera agujereada, donde podían hacer sus necesidades durante las noches invernales.
¡Se pelearon porque Conrado rehusaba vaciar la escupidera al otro día!