sábado, 10 de julio de 2010

La Casa de Minonga


Quien les habla es Mirta Sasiaín Ferreira Ramos.

Minonga Ferreira Ramos quedó viuda muy joven con 3 hijos chicos, Jorge, Elena y Eduardo.

Siempre fue una persona brillante con una memoria prodigiosa, domina varios idiomas: inglés, portugués, francés, italiano.

Mi padre siempre decía que Minonga era la única persona que sabía los nombres de los caballos de los héroes de todos los tiempos.

Salió adelante trabajando con los ingleses en los Ferrocarriles y dando clases de Literatura y actuando en la Inteligencia en la época de la 2da. Guerra Mundial. Su esposo había tenido entre otros destacados cargos el de Secretario del Dr. Emilio Frugoni, Presidente y Fundador del Partido Socialista.
Pero voy a recordar ahora su preciosa casa en la calle Bella Vista. Me acuerdo que mi mamá me decía que era un "petit hotel". Parece que esto era una casa de 2 plantas en que en la Planta Baja estaba el living-comedor, cocina, baño y en la 2da. planta, 3 dormitorios y un baño. Para mi era un paraíso por varios motivos. Uno, porque me encantaba como estaba decorado. Los cuartos estaban todos con muebles pintados en azul claro y colchas floridas y cuadros y estantes ¡llenos de libros!
El cuarto de Minonga tenía toda una colección de cuadros de impresionistas alrededor de su cama.
En el cuarto de Jorge y Eduardo estaban todos los libros de piratas y aventuras que se puedan imaginar.
Había un personaje muy importante en la casa que era Pinocho, el gato amarillo como Garfield, que obedecía órdenes en inglés.
Mientras tomábamos un té o después de cenar, Minonga o Quela siempre me contaban algún libro que valía la pena leer y después me lo prestaban si lo tenían por ahí.
Uno de los libros que me contaron era "A Town Like Alice" de Nevil Shute, que se los recomiendo sinceramente. Después de muchos años lo leí, y ahora hace poco en una liquidación de libros lo compré. Lo tengo como un tesoro.
Ahora cuando visito a Minonga siempre me gusta oírle los cuentos de sus amigos de antes que marcaron rumbo en nuestra historia nacional, o en el mundo de la política, la literatura, o las artes. Apenas le nombro a alguien ella siempre tiene anécdotas de esa persona cuando era joven.
¡Qué fantastico tener esa memoria y esos recuerdos!
Muchas gracias, Mirta, por este maravilloso retrato de Minonga.

jueves, 22 de abril de 2010

Mandame la botonadura

Quien les habla es Blanca Castro.

Augusto Carámbula, fue el esposo de tía Lola y quien trajo el primer automóvil a Artigas.

Vestía muy elegantemente.

Yo lo recuerdo con su traje blanco y sombrero como el de Maurice Chevalier en los días de verano.

Eran muy generosos, tía Lola crió como hijos al que conocimos como Negro Carámbula y a Pedro también. Protegieron a más de uno.

Un día pasó a pedir ropa uno de esos protegidos y entre ellas se le regaló un chaleco al que le habían sacado los botones porque eran de brillantitos.

Pasados unos días el susodicho mandó no sé si a un hijo o a quien, a decir que "le mandaran la botonadura".

La frase "faltó la botonadura" o "mandame la botonadura", la usamos en la familia cuando alguien solicita algo exagerado, o cuando alguno encuentra que alguien no hizo algo en forma completa.

Si recuerdan esta anécdota, verán que en múltiples ocasiones, la frase cae justita.

Muchas gracias, Blanca, por esta anécdota.

viernes, 16 de abril de 2010

Las Duplas

Las hemos visto cuando crecíamos. Nada más típico que dos adolescentes mujeres pegadas una a la otra, yendo a todos lados juntas, hasta al cuarto de baño.
¡Ojo! que lo mismo ocurre con los hombres, aunque quizás no vayan juntos precisamente al baño.
En nuestra familia se han visto casos de duplas, que se hicieron famosas. Veamos:
Efraín y el Flaco Daglio
Estos dos eran compañeros de festicholas y salidas nocturnas.
Mi papá me contaba de las salidas de estos dos, los sábados, alrededor de 1937.
Asistían a bailes, buscando aventuras amorosas: 2 Picaflores en busca de romances de una noche.

En gringo, eso sería – “Wham, bam, thank you M’am” – para los políglotas.
Todo lo que hablaban y decían estaba designado para el único propósito de conseguir pasar un buen rato con una muchacha de su agrado, así es que incurrían en las mentiras más grandes.
Mentían hasta por el placer de mentir.
Así es que, en uno de estos bailes, luego de Efraín bailar con una muchacha, ésta lo lleva a su mesa, donde estaba una amiga de ella sentada.
Ni corto ni perezoso, Efraín le hizo una seña al Flaco Daglio, para que viniera también a la mesa.
Efraín entonces, muy serio, comenzó a hacer las presentaciones pertinentes:
- “Mirá, te voy a presentar a un amigo…” – comenzó Efraín, cuando interrumpió el Flaco, que vaya a saber porqué, no quería dar su nombre verdadero.
- “José Gervasio Artigas Washington” – se presentó el Flaco Daglio.
Y oyeron que, sotto voce, una muchacha le comenta a la otra:
- “¡Este pelo meno e Ingeniero…!”
Ahí quedó la cosa, pues parece que ambos largaron la carcajada.

Conrado y el Chingolo Bofil
De acuerdo a papá, Conrado era Comisario en Artigas, lo cual no lo privaba de tener sus noches de beberaje con sus amigos, entre los cuales se contaba el notorio Chingolo Bofil, hombre robusto, alto y grande como “huevo de yegua”, dirían los paisanos.

Luego de una reunión de éstas, en la cual se tomaron hasta el agua de los floreros, en vez de irse a dormir la mona, se fueron a un rancho, con piso de tierra, en las afueras de Artigas.
Se notaba que el horcón del medio, sostén del rancho, no les había quedado del todo vertical, pues de arriba salía un grueso alambre que terminaba en una gruesa estaca, para afianzar todavía más la construcción.
Se estaba realizando un baile de campaña típico, con reglamento en la puerta y todo, a saber:
REGLAMENTO
1. E proibido sentar mais de duas velhas juntas.
2. Quem fale da vida alheia não come rosca de ovos.
3. E proibido cuspir no chão sim espalhar com o pie.
4. E proibido disparar com o calibre maior do 44 pra não assustar as mulheres.
5. Quem apague o lampião a tiros vai tomar pau hasta ficar abacalhado.

Luego de leer el reglamento, quisieron entrar, pero en las condiciones que estaban, ambos completamente borrachos, no los dejaron.

Así quedaron, a la vera del camino, buscando formas de vengarse, cuando dieron con una máquina de alambrar, con las cuales se consigue tensar los alambrados.
Los dos mamados, acoplaron la máquina, al alambre que iba del horcón del rancho a la estaca, y empezaron a dar vueltas a la manivela, con el resultado de que el rancho empezó a inclinarse peligrosamente, crujiendo su estructura y haciendo que saliera todo un gentío del baile, a averiguar lo que pasaba.
Allí luego de manotazos y puntapiés, terminaron los dos presos en una Comisaría de las afueras de Artigas, donde el Comisario encargado, era enemigo político de Conrado.
La Comisaría tenía un teléfono antiguo, de pared, de esos que había que darle vuelta a la manija para conseguir la conexión inicial, y el Comisario estaba más que encantado de llamar a la Comisaría de Artigas a comunicar que el Comisario Conrado había sido encontrado borracho, acusado de desorden público, pretendiendo tirar un rancho abajo.
El Chingolo Bofil que estaba más lúcido que Conrado, intentó impedir la comunicación.
- “¡Llame por teléfono a Jefatura!” – ordenaba el comisario a un guardia civil.
- “¡No llame!” – interrumpía el Chingolo Bofil.
- “¡Llame!” – repetía el Comisario.
El Chingolo apoyó entonces su bota en la pared, tomando el teléfono con las dos manos, lo arrancó de su sitio y lo tiró al piso, destrozándolo.
- “¡Llamá ahora!” – le dijo entonces al guardia civil.
No se pudo comunicar en su momento, y al otro día, al estar lúcido Conrado, consiguieron que todo este berrodo no tuviera grandes consecuencias.
Conrado y Enrique Brazeiro
Cuando fue preso Conrado, se encontraron con que estaba también preso su pariente, Enrique Brazeiro, motivo por el cual los colocaron en la misma celda.
Tanto Enrique como Conrado, eran personas cultas, con profundas convicciones en sus conocimientos, así es que mantenían discusiones filosóficas, religiosas, históricas y de lo que fuera.
Ambos tenían locos a los guardia civiles, pues les pedían que les trajeran libros de la Biblioteca para avalar sus distintos argumentos.
- “Vaya a ver al Sr. Fulano de tal, diga que le preste este libro…” – solicitaba uno y otro, y allá iban los milicos a buscarles lo solicitado.
Esto sucedió durante varios días, hasta que finalmente Enrique pidió que lo cambiaran de celda.
A cualquiera que le preguntaran, pensarían que finalmente las discusiones bizantinas que tenían, habían sido la causa de la solicitud.
¡Pues no!

Las celdas no tenían baño. Para ir al cuarto de baño había que pedirle a un guardia civil, quien abría la celda, y había que caminar casi 50 metros para ir al retrete, lo cual era un inconveniente, sobre todo durante las noches.
Pero Enrique tenía una escupidera agujereada, donde podían hacer sus necesidades durante las noches invernales.
¡Se pelearon porque Conrado rehusaba vaciar la escupidera al otro día!

lunes, 12 de abril de 2010

Los Jalapeños

El picante es un condimento casi ignorado en Uruguay.
Que yo recuerde, tanto mis padres como mis tíos, cuando decían – “¡Ay eso está muy picante!” – era una indicación clara de que ¡NO LES HABÍA GUSTADO!
Cualquier cosa con picante… era una cosa motivante de gestos de asco y vómito.
Es de destacar, que los chiles, contrario al folklore uruguayo, no tienen contraindicación médica.
No producen daños al estómago ni intestinos y cualquier diabético puede ingerir chiles sin problema alguno, tampoco incrementan la presión arterial, ni se les van a endurecer las venas.
Solamente hay que moderar la ingesta de picantes, si sufrieran de úlceras al estómago, pues actuaría como irritante.
Tales eran las instrucciones que tuve desde chiquito, que tuve que emigrar a dos países, antes de atreverme a probar el picante en las comidas.
Finalmente los científicos descubrieron un producto químico que reacciona al picante de los chiles. Esto creó las Unidades Scoville, las cuales miden precisamente la dosis de “picor” de un chile.

Cuanto más picante sea el Chile, más altas las Unidades Scoville.
El verbo “enchilar” expresa el estado de aquella persona que se ha pasado en la dosis de picante, así es que tiene la boca y la lengua ardiendo.
Cuando una persona se enchila, lo mejor que puede hacer es echarse SAL directamente en la lengua, para amenguar los efectos del picante. Esto es mucho más efectivo que el deseo que se siente de ingerir líquidos o lavarse la boca. También el yogurt ayuda a mitigar la sensación ardiente.
Recién cuando viví en Los Angeles, California, U.S.A., en los comienzos de 1990, me animé a probar el tan mentado picante, pero ahí, tampoco lo adopté.
Hubieron de pasar varios años más, hasta que finalmente en Atlanta, Georgia, U.S.A. en las postrimerías del siglo pasado, lo comencé a probar un poquito más.
En Atlanta, en una cena con amigos, trajeron a la mesa un rico pedazo de churrasco, adornado encima con un Chile Poblano. Ni corto ni perezoso, quise pegarle un mordisco al chile, para testear mi resistencia en las papilas gustativas…
¡Amigo! El chile asado, evapora parte del agua que tiene, quedando todavía más concentrada su capacidad de “picante”.

Me enchilé de tal forma que aún con dosis masivas de sal en la lengua y buches de agua en el baño, demoré unos 20 minutos en volver a la mesa.
Finalmente, cuando mi cuñado Fredy se vino a vivir con nosotros en Coconut Creek, Florida, U.S.A., fue cuando lo adopté definitivamente, incorporándolo a mi dieta, alrededor del 2004.
A Fredy le gustaban unos chiles finitos y alargados, chiquititos, cuyo nombre no me parece que figure en la gráfica que estoy publicando.
Probamos el Poblano que nos pareció muy picante.
También probamos el Scotch Bonnet, también llamado Jamaiqueño, que parece una naranjita del tamaño de una frutilla y es absolutamente insoportable de picante.
El Chile de Arbol, es un chile que se vende secado al sol, que se pone habitualmente en salsas, muy utilizado por la comida china. Es habitual que se parta el chile, y se le ponga a la comida solamente sus semillas, que es en realidad donde está todo el picante.
Finalmente luego de probar otros chiles, algunos más picantes que otros, inclusive distintas combinaciones de chiles, adopté el jalapeño, que es de fácil adquisición en los supermercados locales.

Comencé preparando un frasco de conserva de jalapeños, cortándolos a la mitad y DESCARTANDO todas las semillas, que terminaban en la basura.
Luego terminaba de picar los jalapeños en muy pequeños trozos, añadía ajo cortado en rodajas y aceite y lo ponía en la heladera.
Por lo general, había que esperar entre una y dos semanas para que los jalapeños se ablandaran en el aceite y adquirieran una consistencia más típica de conserva, que era lo que yo deseaba.
En nuevas preparaciones, descubrí que una ligera cocción de los jalapeños en aceite, solamente de 5 a 10 minutos, ablandaban los jalapeños al punto de que no era necesaria la espera de una a dos semanas.
Luego de varios meses de esta preparación mía de Conserva de Jalapeños, comencé a dividirlos a la mitad.
La mitad de los jalapeños era preparada SIN SEMILLAS.
La otra mitad era preparada CON SEMILLAS.
Así obtenía un tipo de Conserva de Jalapeños de gusto más suave, y tenía el otro frasco, el mío, con una Conserva de Jalapeños con semillas, de gusto más potente.
Hoy, en casa, solamente preparo el Jalapeño con semillas, pues la graduación de picante, está dada por la dosis que uno se sirva.
Un frasco de dos docenas de jalapeños cortados con ajo y aceite, dura en nuestra heladera, entre tres y cuatro semanas. La Conserva de Jalapeños, es un aditivo infaltable para casi todos los guisos, sopas, comidas de olla, busecas, a las cuales queremos darles un toque más picantón.
Una cucharada pequeña en una olla para 4 personas, pasa casi desapercibida, y puede perfectamente sustituir a la pimienta.
Una cucharada pequeña en un plato de sopa, para aquellos que gustan un poco del picante.
Yo uso una cucharada sopera en un plato de sopa lleno.

jueves, 8 de abril de 2010

La Cocina de Mitiva

Quien les escribe es Mirta Sasiaín.

Mi madre Mitiva siempre se caracterizó por ser una cocinera muy impulsiva y empírica. Me imagino que habrá sido porque cuando ella era niña en su casa siempre hubo cocineras (me acuerdo de Aurelia, en casa de tia Lola, donde las niñas fueron criadas al quedar huérfanas) y mamá no se interesaría mucho por esos menesteres. Era eso sí de buen apetito y no tenía pereza para cocinar para 20 si llegaba el caso.
Una vez, cuando ya vivía en el apto. de la calle Juan Paullier, después de haber vendido la famosa casa de la calle Charrúa, tuvo que comprar una nueva plancha para hacer churrascos. Fue al supermercado de Cofa's que le quedaba cerquita y donde eran clientes. Compró allí su nueva plancha y la puso enseguida en uso.

El horno que tenía era a gas de cañería y con unas hornallas con agujeros muy grandes, nosotros le decíamos que parecían mecheros Bunsen. La cuestión es que mamá hizo una buena tanda de churrascos ese mediodía y luego la volvió a usar de noche. Cuando fue a lavar la plancha ésta estaba agujereada. ¡El fuego era tan fuerte que había derretido la plancha de hierro!
Pero ella ni corta, ni perezosa, fue al otro día a Cofa´s y devolvió la plancha y se hizo entregar una nueva de otro tipo. Como consumidora, se defendía muy bien sin duda.


Muchas gracias Mirta, por esta contribución.

domingo, 4 de abril de 2010

El Reventón

Una pinchadura violenta de una rueda delantera en un auto que se desplaza a gran velocidad, ha sido y será causa de accidentes fatales o muy graves, y nunca falta quien, gracias a un reventón, “se puso el auto de sombrero”.

Papá cuando me enseñó a manejar, desde que yo tenía 12 años, hizo hincapié en que cuando una rueda delantera revienta, se desinfla instantáneamente, cambiando por consiguiente, el diámetro de esa rueda, haciéndola más chica.

Las dos ruedas delanteras, con distinta circunferencia, deriva en que el volante del auto, se doble en la dirección de la rueda pinchada, y si el conductor no está atento a corregir ese desvío, es probable que el rodado vuelque o gire como un trompo.

Otro agravante de la situación de una rueda delantera que pincha súbitamente, es que la mayoría de los conductores está entrenada para FRENAR ante cualquier señal de peligro, y justamente esto es lo peor que un conductor puede hacer ante un reventón.

Resulta lógico que, si a gran velocidad, con el volante doblado hacia un costado, y por añadidura frenamos bruscamente, estaremos multiplicando las chances de que el auto vuelque sin remedio.

La mejor posibilidad de sobrevivir un reventón, es:
Sujetar el volante firmemente para mantener el rumbo que llevaba el auto.
No apretar ni freno ni acelerador, dejando que el auto gradualmente se frene por sus propios medios, o porque el motor gradualmente lo frene.

La Tía Mitiva, con mis primos Juancho, Roberto y Mirta, tuvieron ocasión de experimentar eso, cuando volcara el coche en que viajaban, hace unos cuantos años.

El Tío Sasiaín era militar, y tenía derecho a un auto conducido por un soldado, quien, casualmente, fue el único en perder la vida en el accidente, luego que intentara frenar, luego de un reventón.

Mirta quedó con el cuello enyesado. A Roberto tuvieron que hacerle un injerto de piel en la espalda. La Tía Mitiva si mal no recuerdo se quebró la muñeca. Federico era un bebé, que viajaba en la falda de la Tía Mitiva y no le pasó absolutamente nada. Lo mismo mi primo Juancho que salió también ileso.

El reventón es una cosa que tenemos que tener permanentemente presente, dado que nunca sabemos cuando nos va a ocurrir. Pero es imperativo tener presente cual va a ser nuestra acción cuando suceda, pues nos va la vida en ello.
Nunca se me había presentado la oportunidad de demostrar que las enseñanzas del veterano habían echado raíces, hasta 1987, en que mis padres vinieron a California de visita y los llevamos a Santa Bárbara.

La carretera estaba estupenda en el viaje de vuelta, donde veníamos en la línea de extrema izquierda, a 75 millas por hora (124 km. por hora), cuando vino el inesperado y violento “PIFFFFF”, de una rueda que se desinfla súbitamente, seguido un violento corcovo del volante hacia la izquierda.

Enderecé y sujeté el volante con vigor, obligando al auto a continuar el mismo rumbo que llevaba antes del pinchazo, mientras escuchaba el “¡Plas, plas, plas, plas!” de la cubierta delantera izquierda haciéndose trizas en el cemento, mientras sacaba el pie del acelerador.


Soné la bocina inmediatamente, avisándole a los autos alrededor mío de esta situación de emergencia, mientras el auto iba frenándose gradualmente.

Conseguí llevar el auto hacia la derecha, cruzando tres sendas, hasta que conseguí detenernos sobre la banquina, 300 metros más adelante.

Salimos del auto y vimos el reguero de caucho que habíamos dejado hasta allí, pero aparte del susto mayúsculo, nada más nos pasó.

Cambiamos la rueda en menos de 10 minutos, y proseguimos viaje, sin más incidentes, salvo el comentario del viejo:
- “¡Te acordaste de no frenar, soltar el acelerador y agarrar fuerte el volante! ¿Eh?”
- “¡Sí Papá! ¡Gracias!” – contesté.

Tuve que comprar una cubierta nueva, pero otro habría sido el desenlace, si no le hubiera prestado atención, con mis 12 años…

lunes, 29 de marzo de 2010

Crema de Remolacha de Tía Nerea

Mi Mamá me dejó varios tesoros, entre ellos sus dos Recetarios, escritos de su puño y letra. Esta crema, es una de esas recetas, y la hice ayer, pues ansiaba sentir ese gusto nuevamente.

Como todos tenemos mamá… tuve que poner el título por el cual ella fue conocida siempre en la familia.

Se pone en la licuadora:

½ kilo de remolachas cocidas
100 gramos de crema doble
½ taza de aceite
½ taza de vinagre
1 cucharadita de mostaza
Sal y pimienta al gusto.

Una vez todo licuado, usamos la crema para aderezar churrascos y ensaladas.

¡Que la disfruten!

miércoles, 24 de marzo de 2010

Entrevista a Eduardo Palumbo

“Lindo haberlo vivido, pa’ poderlo contar”
Eduardo Palumbo llegó a San José en el año 1965, a trabajar en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) invitado por su director, Juan Carlos Muszwick. Estuvo hasta marzo de 1966.
Después quedó vinculado al departamento porque el presidente del Club Atlético Universal le pidió que se encargara de la preparación física y la dirección técnica del cuadro. Viajaba desde Montevideo tres veces por semana. Trabajaba en la capital del país en el Departamento de Obra Comunal, con el Profesor Leonardo Clausen.
A fines de 1966, deja Universal porque tenía programado irse a trabajar en verano a la Administración del Campamento Artigas. A mediados de diciembre, Clausen (su amigo y mentor) le pregunta si quería ir a trabajar a la Colonia de Vacaciones de Asignaciones Familiares en San José…

ESTELA SELLANES

En la Colonia le pagaban $1.500 cada 10 días. El 26 de diciembre de 1966 vino la primera avanzada a conocer el lugar. Había tres o cuatro líderes de Montevideo.
El 9 de enero de 1967 llega el primer grupo al campamento. El grupo pionero estaba integrado por 48 niños. La Colonia aún no estaba terminada ni estaban prontos el comedor, ni la piscina. Sólo había dos cabañas con cuchetas, el resto no tenía camas y no había luz.
El 26 de febrero se inaugura oficialmente la Colonia. Era la primera de toda América Latina. Ese verano se trabajó con campamento de varones y hubo dos o tres campamentos de niñas.
Cuando se termina la temporada, Eduardo vuelve a Montevideo.
La única institución que había en Uruguay con experiencia de trabajo con niños era la ACJ, entonces Asignaciones firma un convenio. El directorio de la ACJ delega en Leonardo Clausen la dirección de programa de la Colonia.
A fines del 67 se organiza un campamento para jóvenes beneficiarios de Asignaciones Familiares, con el propósito de formar líderes.
La temporada del 68 se inicia con líderes de Montevideo y San José. Entre ellos estaban Carlos Calisto, José Alfonso, Sergio y Omar Betarte, Walter Benítez, Roberto Costa, Wiliam García, Loche Barceló, Raúl Roldán y Marianela Fernández.
Clausen se va a dirigir la Escuela Martirené y como director de la Colonia queda Juan Carlos Muszwick. En el año 1970, Muszwick se va a Montevideo, Asignaciones Familiares se separa de la ACJ y Eduardo Palumbo queda como Director de Programa (luego Jefe de Programa).

Trabajo con las escuelas
En el año 69 se habían comenzado a realizar algunas experiencias con algunas escuelas de San José. A una escuela de Playa Pascual se le había volado el techo y como solución los niños se instalaron en la Colonia; estuvieron 20 días. Como la Colonia estaba pensada para trabajar en verano y en invierno quedaba desierta, se pensó en firmar un convenio con Primaria. Así, durante el invierno llegaban escuelas de todos los departamentos. Se intercalaban las escuelas en diferentes grupos que se formaban por edades. En la mañana tenían clase con la maestra, pero no en el aula, sino recorriendo, por ejemplo, la planta potabilizadora, el tambo (había niños que nunca habían visto ordeñar una vaca), o a la naciente del arroyo Carreta Quemada. Durante la tarde se realizaban las actividades propias de campamento.
En el año 1971 se implementó un Plan de Salud Bucal, en el que la odontóloga Alma Corujo trabajaba con los niños. A cada uno se le revisaba y arreglaba la dentadura.
A los niños se les daba todo, desde toalla, zapatillas, pasta de dientes, vestimenta, botas de lluvia, alpargatas, sábanas, etc.
En la Colonia había tambo, criadero de cerdos, de aves y una quinta con riego. La Colonia se autoabastecía; una parte de la leche se enviaba a Conaprole y se abastecía de verduras y pollos a los sanatorios de Asignaciones Familiares.
Los campamentos en principio eran de 10 días, después pasaron a ser de 5. Había líderes que trabajaban sólo en verano, pero había quienes estaban todo el año. En un momento se vio la necesidad de formar nuevos líderes, jóvenes.

1973
La temporada de 1973 comienza tranquila. Cuando estalla el Golpe de Estado la situación era normal en la Colonia. En la Comisión Interventora de Asignaciones Familiares estaban el Coronel Ibáñez, otro médico cuyo apellido no recuerdo Ballarini. Los campamentos continuaron funcionando. “Pero a fines de 1973 se empieza a dar el acoso moral y laboral”. “Almada, que era el administrador, fue uno de los más acosados”
En enero de 1974, al comienzo de la temporada, Eduardo Palumbo llega a la Colonia y se encuentra con que Almada se había enfermado y tuvo que hacerse cargo de todo hasta que llegó un inspector de Asignaciones Familiares.
A mitad de la temporada nombran como interventora de la Colonia de Vacaciones a Susana Papariello de Sánchez.
Después de la temporada seguía el campamento co-educacional para chicos que posteriormente iban a hacer el curso de líderes en las vacaciones de julio. Previo al campamento la interventora le informa a Palumbo que iba a ser trasladado, pero como no tenían quién dirigiera las actividades, se iría después del campamento. «Ahí empezaron los primeros roces».
Cuando termina el campamento, a Palumbo le piden la nómina de los profesores para el curso de líderes. Eran secretarios de la ACJ y profesores del Instituto Magisterial Superior, gente como Reina Reyes y Élida Tuana. Palumbo recuerda que iba Héctor Perera de San José.
Cuando presenta la lista, le informan que el curso no se iba a hacer «porque los profesores eran todos comunistas». «Profesores que algunos serían de izquierda, pero la mayoría no».
«Yo sigo estando en la Colonia; seguimos teniendo algunos roces con la comisión interventora… Decían que los juegos que se hacían era para enseñar acciones guerrilleras… Y eran juegos de campamentos, que nosotros los habíamos aprendido desde los 6 años en el Campamento Artigas, juegos como la toma de la bandera, la búsqueda del tesoro y la cacería del zorro… Yo no me callaba, porque no podía callarme la boca…»
Cuando a Palumbo le piden la lista de líderes para el futuro campamento, la interventora vuelve con la lista y cada nombre aparecía acompañado con las letras de a qué partido pertenecía la persona. «Yo nunca le había preguntado a los líderes de qué partido político eran, sino que a mí me interesaba que trabajaran bien con los niños… Eso había salido de adentro de un grupito de la Colonia de Vacaciones, porque de otra manera no podían conocerlo».
A fines de octubre la interventora le plantea que se iba a hacer un campamento en Navidad. Palumbo responde que en Navidad, que era un fecha especial, no se podía hacer campamento, los líderes no iban a aceptar y los niños no iban a pasar una Navidad alejados de sus familias. «Ella me plantea que si no venían líderes iban a traer soldados… Yo le contesté que yo no dirigía a militares… Ahí ya fue la ruptura total. A mí me avisan que me dan un mes para retirarme de la Colonia y que en ese mes iban a resolver a dónde me mandaban».
Palumbo vivía en la Colonia. El 1 de noviembre de 1974 lo trasladan a la Caja de Asignaciones Familiares con el grado de Aspirante a Auxiliar Administrativo; de jefe pasó al último escalafón, sin explicación ninguna.

Épocas duras
Vivió momentos difíciles, al punto que dejó de ser saludado por compañeros de la Colonia. El temor era moneda corriente. «Fue una etapa embromada, pero que sirvió porque ahí tú conocías quién realmente era tu amigo. Quién se quedó en la Colonia porque necesitaba trabajar y quién se quedó y colaboró con el régimen de la dictadura».
Trabajó en la Caja de Asignaciones Familiares hasta 1979 cuando le vino un traslado para la Sub-agencia de Bella Unión. La Comisión Interventora de Asignaciones había cambiado, cuando eso estaba el Coronel Galarza, Gigovre (que después fue Ministro de Salud Pública) y Ballarini.
Dos días antes de salir de licencia, le avisan de su traslado. Cuando se entera, Palumbo se retira porque se siente el enfermo e informa que a Bella Unión no iba.
Cuando le piden que se reintegre a la Caja, a los tres días le anuncian que tenía que ir a Montevideo a una entrevista con el Capitán Miralles. La dirección que le dieron fue Duvimioso Terra casi 18 de Julio.
«Era una casa vieja, grande, que no tenía ningún cartel en la puerta… Cuando golpeé salió un tipo rapado, informé que yo era Palumbo, de San José. Me hicieron pasar y estuve como 45 minutos sentado esperando en una pieza… Al rato me anuncian que había llegado el Capitán Miralles, me hicieron pasar a otra pieza ¡que asustaba! Contra la pared había una ametralladora, un rifle, un sable; sobre el escritorio estaban los libros que había sacado la Dictadura sobre la sedición y una pistola… Yo pensaba ‘de acá no sé si salgo’… El Capitán Miralles me dijo que el Coronel Galarza le había informado que mi traslado a Bella Unión se hacía».
Palumbo tenía su familia, tenía hijos; su señora (Susana Bauzá) trabajaba como maestra en una escuela de San José. Después la trasladan a Libertad, cuando en realidad había dado concurso y tenía derecho a elegir cargo en la Escuela 45.
En la reunión con Miralles, Palumbo pide explicaciones; pregunta cuáles eran las denuncias por las que lo trasladaban. Le responden que porque “era comunista”, “un agitador en San José” y que “le había dado una vivienda a un ex-preso político en la Cooperativa de Viviendas”.
Wiliam García había estado preso. Cuando lo soltaron necesitaba vivienda. Se presentó a la Cooperativa de Viviendas por Ayuda Mutua, en Ucovita, donde Palumbo era presidente. Él no era quién decidía sino los 61 socios.
Palumbo dijo que a Bella Unión no iba… La decisión le costó el puesto. Se quedó sin trabajo.
Se fue dos años a trabajar con su hermano en una barraca que tenía en Maldonado. Cuando se rompió la tablita la barraca se fundió y Palumbo volvió a San José. Tuvo que rebuscarse la vida haciendo de todo.
Recuerda que en esa época, gente que apenas conocía se acercaba a informarle sobre trabajos que había disponibles. Un empresario de San José, que conocía al Coronel Galarza, le ofreció que lo acompañaba a hablar con él. Una persona que le dio trabajo a muchos maestros destituidos…

La etapa de Fucvam
Palumbo ingresa a la Dirección Nacional de Fucvam en 1982. Estuvo hasta 1988. Sus viajes a Montevideo eran frecuentes. Era común que llegara a San José a la 1 de la mañana en Agencia Central, después de las reuniones. Como no tenía teléfono en su casa, su familia pasaba nerviosa porque pensaba que le podía pasar algo e incluso no volver. La ansiedad era terrible.
«En las reuniones de Fucvam se ponía un compañero en la esquina, otro en la puerta y si te pegaban tres timbrazos había que salir disparando por la azotea… Igual eso nunca pasó».
Uno de los que participaba en ese entonces en Fucvam, con 22 años, era Fernando Nopistch.
En determinado momento empiezan a trabajar en la idea de organizar una recolección de firmas para que se hiciera un plebiscito porque a las Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua las querían pasar como propiedad horizontal (eso implicaba que el usuario figuraba como dueño de la vivienda, por tanto, si se atrasaba en el pago de cuotas, el Banco Hipotecario le podía rematar).
El Comisario de Inteligencia de San José era un militar oriundo de Treinta y Tres. A fines del 83 y principios del 84, los dirigentes de Fucvam eran casi todos los días citados a Inteligencia, todo porque la recolección de firmas implicaba tener contacto con los diferentes partidos políticos. Se hacían reuniones a escondidas, con el Partido Nacional, con el Partido Colorado, la Unión Cívica, con la Comisión de Arquitectos…
El 26 de febrero del 84 se iba a hacer una jornada de recolección de firmas. Era un domingo. El sábado de mañana fueron citados por el Comisario, que les informó que el Ministerio del Interior había declarado inconstitucional la recolección de firmas.
«En toda esa etapa el que siempre estuvo colaborando con nosotros como abogado fue el ‘Turco’ Sfeir»…
«Pasamos toda la noche escuchando CX 30, porque estaban los directivos de Fucvam. El comisario nos había dicho que a las 7 de la mañana teníamos que estar en Jefatura para informarle qué hacíamos… Nos acompañó Sfeir… A él le gustaba enfrentarse a la autoridad. Persona más democrática que él, no había… Cuando el Comisario dice que el Ministerio había declarado inconstitucional la recolección de firmas, cuando nombra la palabra ‘inconstitucional’, el Turco le empieza a dar una lección sobre constitucionalidad; le dijo que los que habían violado la Constitución eran ellos… Y termina abrazando al comisario y diciéndole que le prestara las camionetas a los muchachos para que salieran a recolectar las firmas…»
Había voluntarios de todos los partidos políticos que se habían anotado para colaborar con la recolección. Estaba todo tan perfectamente organizado que se llegó hasta Ecilda Paullier, Libertad y Playa Pascual.
La organización recolectó 400 mil firmas en un día.

Al calabozo
En junio se realizaba el segundo encuentro de cooperativas del interior, en San José, organizado por Ucovita. Estaba programado para el 16 de junio, día en que llegaba a Montevideo Wilson Ferreira Aldunate después de su exilio… A Palumbo le tocó hacer el discurso final. «Como ya estaba la efervescencia de que se acababa la dictadura, la muchachada cantaba ‘se va a acabar, se va a acabar, la dictadura es militar’ y ‘el que no salta es un botón’».
El 19 de junio llega hasta la casa de Palumbo un funcionario de Inteligencia a decirle que el Comisario quería hablar con él. Palumbo le contesta que iría de tarde.
«Cuando llega Susana, le digo ‘si yo a las 6 de la tarde no llego a salir, andá a buscar a Sfeir».
Cuando el comisario lo interroga, pretendía que le dijera quién había organizado el encuentro de cooperativas del interior, que nombrara quiénes integraban la Dirección Nacional de Fucvam y quiénes eran los invitados.
“Después me pasan para un sección abajo, me siguen interrogando y como a las 11 de la noche me suben al escritorio y me hacen firmar mi declaración (…) Cuando firmo, me dicen que quedaba detenido. Pedí para hacer una llamada para avisarle a mi señora. Me pasan al calabozo, no había colchón, no había nada… Después mi señora me llevó un termo con café… los cigarrillos nunca aparecieron”.
“De acá llaman a Montevideo a la Dirección Nacional. Yo me vengo a enterar al otro día, cuando me sueltan, que dos compañeros, Fernando Nopistch y José Tognola se habían venido de madrugada a la Jefatura y habían pateado la puerta… Cuando me sueltan y me encuentro con ellos me contaron que habían venido porque según ellos, yo, además de ser un directivo de Fucvam, era un amigo… y ‘cuando los amigos están en la mala, nosotros tenemos que estar presentes’. Mientras tanto, Gustavo González, que era presidente de la Federación, por la CX 30 estaba denunciando que a mí me habían llevado detenido…”
Palumbo continuó tres años más en la Federación, en democracia y luego se retiró.

Hilvanando recuerdos
«En todo el interín de la dictadura sucedieron cosas que eran impensables… En el famoso Año de la Orientalidad, yo estaba en Asignaciones, y a todo teníamos que ponerle el sello del Año de la Orientalidad; a veces, a propósito, lo poníamos al revés… para buscarle la vuelta, cada uno buscaba una inventiva.
(…) Nos pasábamos la voz y nos juntábamos con alguna gente en la Iglesia, y ahí te pasaban un cassette de Wilson, y después venías y lo escuchabas bajito en tu casa.
(… ) En una fecha patria, todos los funcionarios públicos teníamos que ir a la oficina, el gerente leía una proclama y se izaba la bandera en la «Plaza 33». Me acuerdo que cuando se estaba izando la bandera… yo no sé si no fue algo divino… se corta la cuerda y la bandera sale volando… Ahí el Coronel Monesiglio empieza a hacer un discurso fuera de lo pactado, que después nos enteramos le costó 30 días de arresto de rigor.
Me acuerdo de juntarnos cuando se formó la Comisión de los Destituidos, en lo de Mario Sóñora, y cuando nos íbamos de noche nos teníamos que cuidar de que no nos estuvieran siguiendo.
Difícil era no poder confiar en los demás.
A la Caja llegaban disposiciones de que no podíamos estar más de 3 funcionarios juntos charlando, porque podíamos estar conspirando.
Gente que considerabas amiga, un día se daba vuelta y te clavaba el puñal por la espalda, o gente que no tenía por qué, te ayudaba…
Pero los principios a mí no me los van a sacar nunca…
Hay gente que murió en la dictadura, otros que pasaron muy mal adentro, presos, otros que pasamos muy mal afuera… pero es lindo haberlo vivido para poderlo contar a nuestros hijos y a otros jóvenes».

Pascualina de Arroz y Espinaca de Monona

Quien les escribe es María Inés Alves.

La pascualina de Monona
Mezclar en un bols:
2 atados de espinacas (yo uso 1 y a veces acelga) cortaditas finas.
Fiambre.

1/2 taza de arroz.
1/2 cebolla.
1/2 morrón rojo.
1/2 taza de queso parmesano.
1/2 taza aceite.
1/2 taza leche.
3 huevos.
Sal, pimienta y otros gustos si se desea.

Mezclar todo.
Rellenar y cocinar como todas las pascualinas.
Personalmente me gusta con huevo batido y azúcar encima. Je, je, de gordita que soy.
Masa a elección.

Si les gustó, les puedo pasar la receta de masa de empanaditas de Tía Nerea o el Soufflé de zapallitos de la mamá de Tiki.

Je, je, je... yo también le pongo nombres a las recetas.

Muchas gracias, María Inés, por esta receta.

viernes, 19 de marzo de 2010

Home de verdade ese Ibrahim

Esta anécdota la escuché muchas veces en las reuniones familiares. Finalmente pude conseguir la versión escrita.

HOME DE VERDADE

No se cuántos años tendría.

Parecía viejo, pero tal vez no lo fuera: el trabajo bruto y la caña brasilera hacen milagros con el aspecto de un hombre. Milagros atroces.

Esas eran las especialidades de Ibrahim: el trabajo bruto, como peludo cañero cuando empezaba la zafra, y la caña brasilera al fin de cada quincena.

Al principio, porque después era una sóla y continuada borrachera, empezaba un día de pago y retocaba después noche tras noche.

Era bueno en las dos cosas. Sacaba solito una lucha y la cargaba; se bebía, también solito un litro de aguardiente fronterizo, alcohol casi puro hecho de cualquier cosa, coloreado y etiquetado.

Una noche, más borracho que de costumbre en el miserable bar del bajo cercano a los obrajes, dio en repetir, entre uno y otro vaso, la misma afirmación al cantinero, un peludo viejo convertido en comerciante, de apellido Cantos.

- “Homem aquí neste bar, e so nos dois: eu e o Cantos, ¿nao é, Cantos?”

El cantinero asentía un poco molesto, y seguía atendiendo a los parroquianos que rodeaban el mostrador y el billar.

Ibrahim se sosegaba un rato, medio dormido sobre el vaso. Pero de repente se acordaba de su coraje y repetía, aumentando, su estribillo:

- “Homem, mas homem mesmo, que nao tem apañado de ninguém, aquí, nestes barrios, e so nos dois: eu y u Cantos” - y dirigiéndose al otro: - “¿No é, Cantos?”

El cantinero, viendo que los escasos parroquianos, habían entrado a mirar de reojo a Ibrahim, optaba por no contestarle.

Nervioso seguía sacando vasos de detrás del sucio mostrador de tablas. Ibrahim se aquietaba, medio dormido. Al cabo de un rato Ibrahim revivía sobre el mostrador, y volvía a la carga:

- “Eu garanto. Homem de verdade, que nao se corre, mas homem mesmo, aquí nestes recantos, e so nos dois, eu e o Cantos.” - y miraba al otro: - “¿No é, Cantos?”

Un obrerito joven, con el cansancio reciente y malhumorado del que todavía no acostumbró el cuerpo al trabajo durísimo, se había ido encocorando más y más, en rabioso silencio, frente a la bravuconería alcohólica y machona del otro.

Apretaba en una mano el vaso de caña y en la otra la vaina del facón de despuntar que llevaba consigo por si acaso. Cada vez más irritado, sorbía su bebida sin hablar, mirando de vez en cuando el rincón donde Ibrahim se recostaba. Ajeno al malhumor del otro, Ibrahim volvió a la carga.

- “E assim mesmo, homem que no apaña, homem de verdade que nunca levou zurra de ninguém, aquí neste Uruguay todo, so nois dois, eu e o Cantos.” Y miró al patrón para completar su cantinela, pero no llegó a hacerlo, furioso, desbordado, y posiblemente un poco entonado también, el peludo joven se le vino encima sin decir palabra.

Sacó la vaina del facón, de cuero grueso, y empezó a descargar planchazos sobre Ibrahim, que aunque no era en modo alguno un hombre débil, estaba demasiado bebido para defenderse.

Se acalambró la mano bajando vainazos sobre el otro que terminó rodando bajo el billar, en parte para protegerse y en parte por la imposibilidad de mantenerse en pie.

Los parroquianos seguían atentos sin interrumpir ni tomar partido: de peleas de borrachos en bares más de uno terminó apuñalado, sin comerla ni beberla, por meterse a comedido.

Cuando el mozo se cansó de pegar, tiró el dinero sobre el mostrador, se encasquetó la gorra y se fue. Ibrahim, saliendo a cuatro patas de abajo del billar, miró cuidadosamente a uno y otro lado, como para asegurarse de que su enemigo ya no estaba.

Todavía a gatas, alzó los ojos hasta el cantinero que lo miraba a través del mostrador, y le dijo en tono triste:

- “¡Agora so fica tú, Cantos!”

lunes, 15 de marzo de 2010

Efraín Ferreira Ramos

Quien les habla es Blanca Castro.

Mi papá, Carlos Castro Ferreira Ramos nos contaba su niñez en lo de abuelito Amaro. El vivió con los abuelos y como el patio de abuelito se comunicaba con la casa de su hijo Eufronio, los primos prácticamente se criaron juntos.

Entre las dos casas, una frente a la Plaza Batlle y la otra en la calle paralela, ocupaban casi media manzana.

Efraín, el personaje del cuento, era bastante consentido, parece que debido a las circunstancias de no tener madre, pasaba todo el tiempo que podía sin zapatos. Cuentan que una vez, tenía tan gruesa la suela de los pies, que prendió un fásforo, sorprendiendo a toda la gurisada que lo miraban como si fuera un fenómeno.

El tenia una gallina bataraza que la había criado desde pollita y a la cual le puso el nombre "LA MISTERIOSA".

La cocinera tenía orden de no tocarla, recuerden que en aquel entonces, las gallinas que se comían se criaban en los gallineros de cada casa. ¡Ahora comemos pollos de criadero!

Un día cambiaron de cocinera y le ordenaron hacer gallina con arroz. La cocinera mató una gallina, la peló con agua caliente, (¿tienen idea de como se hace, o ya lo olvidaron?), la cocinó y todos comieron, incluído Efraín.

Horas más tarde, él buscó su galllinita y solo encontró las plumas en la basura. Se puso tan mal que dijo que nunca más comería gallina y así lo hizo.

Tuve oportunidad de preguntarle cuando él tenía más de 70 años, si después de tantos años él comía gallina y me respondió que no, que tal vez fuera costumbre o manía, pero que no lo hacía.

Hace algunos años, en Artigas, no estoy segura porque a veces la memoria me juega alguna mala pasada, creo que le pregunté a uno de sus hijos, sobre si seguía sin comer gallina.

El hijo me confesó que cuando le daba pollo, le decía que era pescado.

Efraín en ese entonces, estaba ya muy viejecito, tenía la misma edad de mi papá.

Gracias Blanca, por esta anécdota.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Casamiento de Elbio y Tine


Quien les habla es Mirta Sasiaín Ferreira Ramos.

Como Uds. saben, tio Elbio fue el más Don Juan de la familia, por lo menos el que se casó más veces.

El 26 de Enero de 1955, se casó en 3as. nupcias con la que había sido su primera novia, Eglantine Tofis (Tine), quien es su actual viuda, y que además era hermana de la tía Lila.

La fiesta de su casamiento fue un evento muy divertido para los que éramos niños en aquella época y vivíamos por el Sur. Se realizó en la casa de los tíos Mito y Lila en Canelones, donde tío Mito era Actuario del Juzgado. Así que allí estábamos Edgardo (dueño de casa), Graciela Sanchís (hija del primer matrimonio de Tine), Luis, mis hermanos Roberto y Juan José, yo Mirta, supongo que Titina (prima de Edgardo, hija de Oda) y no sé cuántos niños más.


Era una casa muy grande y alargada. Los mayores estaban muy entretenidos con sus brindis y sus charlas, los niños corríamos y jugábamos.


En determinado momento llegó la hora de partida de un invitado que no recuerdo quien era, que tenía una camioneta y ésta no arrancaba. Todo el mundo fue para la calle a ver qué se podía hacer.

Cuando de repente examinan el caño de escape y lo encuentran totalmente tapado con SANDWICHES!!


Luego de un amplio interrogatorio a los niños, Luis A. FR resultó el culpable de la travesura, pero según me ha confesado el infrascrito hace unos pocos años, fue mi hermano Roberto el instigador.


Eran todos muy bandidos en esa época, no había tantos Nintendos ni PlayStation, había que usar la imaginación pura y dura.

Gracias Mirta, por traernos esta anécdota.

sábado, 6 de marzo de 2010

Papapo por Eduardo Palumbo

Soy Eduardo Palumbo Ferreira Ramos y las anécdotas que relataré a continuación, son tal y como me fueran contadas por mi abuelo Papapo, conocido por el resto de la familia como Justo Ferreira Ramos.

Las fotos son del Sable y Guampa de Don Amaro, mientras que la Estaca y la Vaina eran de Papapo.

ROSA BLANCA FERREIRA RAMOS
Estando embarazada Doña Eusebia de Rosa Blanca, Don Amaro se encontraba cerca de la frontera de Rivera, cuando le avisaron que las tropas blancas habían tomado Artigas. Inmediatamente resolvió volverse y puso en el medio del batallón una caballada, para que levantara polvareda y creyeran los blancos que llegaba el ejército, mandado por el Coronel Galarza.
Los blancos se van de Artigas cuando ven eso, y cuando entra Don Amaro a su casa, ya había nacido una niña.
Doña Eusebia entonces, le cuenta que una mañana cuando una de las empleadas se asoma a la ventana, ve las tropas blancas y se asusta, corriendo a contarle a Doña Eusebia la novedad.
Quien capitaneaba las tropas blancas era Don Nicolás de la Sierra, quien enterándose de que la esposa de su enemigo, está embarazada y a punto de dar a luz, se presenta ante ella y le dice que va a dejar una guardia de confianza en la puerta de su casa, para su protección.
- "No tengo miedo, pero le agradezco el gesto." - contestó Doña Eusebia.
Por ese motivo, cuando llega Don Amaro, le cuenta que nombró a la niña "Rosa Blanca" en homenaje a la gentileza del Capitán blanco.

DON AMARO EN MASOLLER
Cuando se avecinaba la Batalla de Masoller, Don Amaro comandaba la División Artigas del Ejército del Norte, y sus tres hijos mayores, Máximo, Eufronio y Justo, habían ido con él, a luchar, Papapo era el menor de los tres. En la batalla de Masoller, en 1904, tenía solamente 18 años de edad.
Don Amaro mandó a Papapo que llevara una tropilla a otro lugar lejano a la batalla, para que no estuviera en ella.
Papapo se presenta ante Don Amaro y le dice:
- "Mi Comandante, yo vine a pelear y no a huir llevando una tropilla."
- "Entonces, Soldado, prepárese para la batalla." - le contestó Don Amaro.
¡Que época esa, que un hijo trataba al padre de Comandante y el padre al hijo de Soldado!
Una vez finalizada la batalla, los Blancos, derrotados, se retiraban.
Don Amaro ve que un sargento de su ejército, medio tomado, quería degollar a tres soldados Blancos.
Lo paró en seco. (Degollar al enemigo era común y le decían hacerle la corbata roja, porque al degollarlos se formaba con la sangre que corría por el pecho, algo parecido a una corbata.)
El sargento le dijo que había que hacerlo, porque le habían llegado noticias de que los Blancos habían matado a los tres Hijos de Amaro.
Don Amaro le contesta que son rumores y aunque así fuera, no lo permitiría. Llamó a un cabo de su confianza y le ordenó que llevara a los tres prisioneros y a una mujer embarazada que los acompañaba, con las tropas Blancas de Aparicio Saravia que se retiraban.
Pasado el tiempo, toca a la puerta de su casa un matrimonio que solicita hablar con Don Amaro. El mismo los recibe y la mujer le cuenta que ella era la embarazada que él salvó en la Batalla de Masoller, y el bebé que llevaba en sus brazos, era el que ella cargaba en su vientre. Le venían a pedir que Don Amaro fuera el padrino del niño.

SENADOR POR ARTIGAS
Don Amaro asume como senador de la República.
En esa época había un Senador por Departamento.
Blancos y Colorados entraban por sitios distintos al Palacio Legislativo.
Cuando va a entrar al Palacio, pretendió entrar por el lado colorado, por supuesto. El portero le señala que tiene que entrar por el lado de los Blancos.
- "¡Pero yo soy senador del Partido Colorado!" - argumenta Don Amaro.
- "¿Usted es Don Amaro Ferreira Ramos?" - le pregunta el portero.
- "Así es" - confirma Don Amaro.
- "Allí dentro lo están esperando." - le indica el portero.
Entra Don Amaro y se le aproximan tres senadores blancos:
- "Quizás usted no se acuerde de nosotros" - le dicen a Don Amaro - "pero usted perdonó nuestras vidas en Masoller, salvándonos de ser degollados y queríamos brindar a su salud."
Tenían champagne, pero como Don Amaro no tomaba, brindó con agua.

LA COMPRA DE LA CASA
La casa de Don Amaro, ocupaba tres cuartos de manzana, frente a la Plaza Batlle.
A la propiedad se llegaba por Avda. Lecueder. Su historia es muy interesante.
Cuando el terreno y la construcción vieja que había allí se puso a la venta, Doña Eusebia le planteó a Don Amaro:
- "¿Que le parece comprar esa propiedad?"
- "Me gustaría, pero mis medios no me lo permiten. No dispongo de ese dinero." - contestó Don Amaro.
- "Yo tengo el dinero." - retrucó Doña Eusebia.
- "¿Y como es que tiene usted tanta plata?" - la interpeló Don Amaro.
- "Yo fui guardando el cambio de lo que usted me daba para los gastos y tengo la cantidad necesaria en libras esterlinas guardadas debajo del colchón." - contestó Doña Eusebia.
¡Y así fue como se compró esa propiedad!
Después, con el tiempo, le fueron agregando piezas y dependencias.

CON DON JOSÉ BATLLE Y ORDÓÑEZ
Me comentaba Papapo que cuando llegaba Don José Batlle y Ordóñez a Artigas, a verlo, se ponía una alfombra roja en la entrada, y se le daba a toda la gurisada la orden de no molestar.

SU MADRE, DOÑA ISABEL ROLÓN
Siendo ya Jefe Político y de Policía del Departamento, le avisan que su madre, Doña Isabel Rolón, que vivía en otra casa, andaba golpeando las puertas del vecindario, pidiendo comida.
Salió Don Amaro a buscarla en su coche, y la encontró en la cuadra de su casa, golpeando la puerta de un vecino.
- "¡Pero mamá! ¿No le alcanza con el dinero que le envío? ¿Porqué no me pidió más, si necesitaba?"
- "Pero m'hijo, eso se me gasta entre los que llegan a mi puerta a pedir, y algunos que ni conozco. Así que yo doy siempre lo que tengo, por eso los vecinos son buenos, y me dan cuando les pido." - le contestó Doña Isabel.

¡Por supuesto que le daban! ¡¿Quién no le iba a dar a la Madre del Jefe Político y de Policía del Departamento?!
En aquella época si no era dueño del departamento, era por lo menos una potencia.
Y este pedido de Doña Isabel, hacía tiempo que venía ocurriendo, sin haberse enterado Don Amaro.
Por supuesto que fue solucionado, pero quedó en la memoria de muchos, que la Madre del Jefe anduviera por las calles pidiendo limosna.

GOLPE DE ESTADO DE TERRA
Cuando el golpe de Estado de Terra, éste le ofreció a Don Amaro el Ministerio del Interior, y Don Amaro lo rechazó, contestándole que no estaba de acuerdo con el golpe de Estado, que él no era golpista, y se retiró a su querida Artigas.

INTERNACIÓN EN HOSPITAL MILITAR
Mi mamá, Herminia Ferreira Ramos de Palumbo, me contaba que le preguntó a Papapo, cuando trajeron a Don Amaro para internarlo en el Hospital Militar:
- "¿Porqué Don Amaro está solo en una pieza privada y con antesala?"
- "Porque tenía el grado de Coronel." - contestó Papapo.

MUERTE Y PÉRDIDA DE LA CASA


Al morir Don Amaro, no se pudo levantar una hipoteca contraída para atender sus gastos de enfermedad en 1937, y la casa se perdió.
Fue rematada 1 peso por encima de la base fijada en $8.000.- de los de antes.
El, siendo Jefe Político y de Policía de Artigas, que en esa época debía ser como el dueño del pueblo, la mano derecha de José Batlle y Ordóñez en el norte, senador de la República, falleció sin un peso. ¡Que época! ¿No?

Estas anécdotas me las hacía siempre Papapo, a quien yo le pedía que me contara y que me prestara la espada de Don Amaro.
Entonces sentado en su falda, agarrando la espada y las manos de Papapo, me sentía protegido. Hasta el día de hoy, siento esas manos tan grandes y poderosas, pero tan cariñosas y la cara de él, tan suave...
Me gustaba pasarle la mano por la cara.

Estas anécdotas fueron suministradas por Eduardo Palumbo, quien tuvo la gentileza de compartirlas.

viernes, 19 de febrero de 2010

Budín Ferreira Ramos


Ingredientes:
300 gramos de Dulce de Leche
4 Huevos
1 ¼ taza de Leche
4 cucharadas de Azúcar
6 cucharadas de Azúcar para acaramelar budinera

Preparación:
Se acaramela una budinera mediana.
Se pone la leche al fuego en ollita con el azúcar y el dulce de leche hasta calentar y homogeneizar.
Aparte se baten apenas los 4 huevos.
A esta mezcla se le agrega de a poco la mezcla caliente.
Se vierte la mezcla en la budinera acaramelada.
Se cocina en horno mediano.

Bon appetit!
Esta receta fue aportada por Edith Ferreira Ramos Ferreira Ramos

jueves, 11 de febrero de 2010

El Viaje

Quien les escribe es Jorge Ferreira Ramos, en su relato "El Viaje" de un pasaje de su libro: "Dos Miradas"


Nada sabía yo sobre lo que me esperaba.
Tampoco tenía conciencia de lo que luego habría de aprender y vivir.
Era todo un misterio.
Un día, o una noche, no sé, entre nubes de sueño, o en medio de un sueño empecé a percibir una sensación de tibieza y paz.

Mi cuerpo, mi ser, comenzó a sentir sensaciones de placer, caricias, palabras dulces de quien luego sería mi mamá.
Ella no sabía aún si sería Jorge, Pedro, o Cristina, pero ya me amaba.
Ya soñaba con mis manitos, con mis sonrisas y estaba dispuesta con toda su juventud y esperanzas a darme la felicidad del mundo.
Mi viaje estaba por comenzar.
Unas semanas después comencé a sentir que me hablaba, oí también una voz más grave que me hablaba por el ombligo de mi mamá como si fuera un micrófono, me llamaba “bebito” y me pedía que le pateara la panza a mi mamá.
Yo trataba de hacerle el gusto, porque también esas palabras me acariciaban. Esa voz estaba cargada de un sentimiento que me hacía crecer, que me hacía soñar. Recuerdo que mi papá (él era el dueño de la voz grave) hacía sonar melodías hermosísimas. A veces las tarareaba él, luego me enteré que lo que escuchaba era la Sinfonía Pastoral de Beethoven.
Podía percibir sin entender lo que decían, que soñaban y hacían planes conmigo. Claro que no contaban con mis deseos, que en realidad tampoco los tenía. Solo tenía conciencia de que existía y de que algo pasaría, porque día a día tenía más sensaciones y más deseos de que esas voces me acariciaran.
Una noche, mientras dormía, empecé a sentir que me empujaban. Fuerzas que no conocía me empujaban. El líquido tibio y suave que me abrigaba había desaparecido y me asusté mucho. Fuerzas que no sabía de dónde venían me empujaban, no oía la voz de mi mamá. Solo la oía llorar por momentos y yo también lloraba, solo oía que le dolía y yo tampoco estaba cómodo en la tibieza del vientre. Algo me empujaba, no sabía adónde iba, hasta que de pronto una claridad inmensa me envolvió.
Cerré muy fuerte los ojos, pera esa luz me invadía. Los sonidos llenaban mis oídos y me asusté mucho, hasta que casi de inmediato las caricias se hicieron infinitamente mas intensas, las sensaciones de amor y placer fueron tremendas y me envolvieron los brazos y manos de mi madre que nuevamente lloraba, y lloraba yo también, un poco por el susto y otro poco porque era imposible no llorar ante tanto cariño.
Me pasaban de brazos en brazos, todos reían y yo tenía ya los ojitos abiertos tratando de que la luz no me molestara pero llenaron mi carita de besos y caricias.
Y allí comenzó este viaje que hoy lleva ya 61 años de recorrido rumbo a una estación en la que de me habré de bajar. ¿Cuándo y dónde? No sé.
El viaje continuó, empecé a recibir nueva información, siempre de cariño. Algunos comentarios de mis padres me hacían creer que era un genio. Les decían a mis familiares y a otras personas que luego conocí como tíos, primos más grandes, abuelos y amigos, que Jorgito había hecho con una tiza unos dibujos geniales en las paredes. Que si los mirabas bien y desde cierto ángulo, tenían formas y colores brillantes. Una habilidad extraordinaria para mi año y medio. Y hasta algún abuelo baboso llegó a comparar con los inicios de un Sr. Dalí. ¡Que maravilla! Con solo dos colores y sobre una pared blanca del comedor había hecho una obra de arte. Claro que yo no lo sabía. Claro que yo solo había encontrado una tiza verde y una roja. Si hubiera habido alguna otra, seguro mi obra hubiera sido más perfecta.
Hoy... no sé donde quedó esa habilidad... porque soy incapaz de dibujar una gallina. Pero ahí aprendí que esperaban muchísimo más de mí de lo que soy capaz de dar. Ahí aprendí lo que es soñar al pedo. Yo en ese momento pensaba: si ésto que hice está tan bien, voy a seguir insistiendo. Y lo hice hasta que un rezongo de mi padre me puso en la realidad y destrozó mi vocación de artista plástico cuando me dijo:
- "¡En las paredes no se raaaaayaaaa!"
Entonces ¿no era un genio yo? ¿En qué quedamos?
Mi viaje siguió, siempre entre mimos y atenciones, no lo voy a negar.
Otra experiencia me quedó grabada. Tendría como cuatro años y me hice pipí en la cama. Mi mamá me dijo todo el día:
- "Ya estás grande para eso... niño chancho."
Yo no sabía lo que era un chancho. Sabía lo que eran los siete cerditos que hicieron la casita de madera... pero no sabía que eran “chanchos” y aprendí que era grande, hasta que de arriba de una mesa agarré un cigarrillo encendido que había dejado mi querido tío Hugo y me lo puse en la boca.
Y ahí aprendí lo que es la contradicción y la confusión, porque ahora era chico ¿Y ésto?
Hace un rato era genio. Luego grande cuando me meé y ahora, porque le pego una pitada al puchito del que tanto disfruta mi tío...
- "Sos muy chico. Eso no se hace."
Así... casi que podría decir que eran los pozos del viaje, suponiendo que el viaje es en tren, o en ómnibus, no sé.
Un día me pusieron una ropa muy blanca, que usaría todos los días en la mañana. Recuerdo que cuando ponía la manito derecha, tenía que empujar muuuy fuerte. La manga hacía prrrrrr como si fuera abriendo una bolsa y aprendí lo que era el almidón y los cuidados de mi madre, que luego remataba el disfraz con el jopito en el pelo y una hélice azul de tela en mi garganta. Cuadernito donde SÍ podía hacer mis obras de arte, un lápiz y una goma que luego usaban mis padres para deshacer mis dibujos y obligarme a hacer mis primeras letras.
Ya el viaje no era tan lindo. Ya el viaje sonaba a obligación. Ya el viaje sonaba a deberes, a estar chiquicientas horas sentado en un banco de madera en compañía de otros cuarenta sufrientes que solo queríamos ir a la media hora de recreo a jugar a la bolita, a la pelota y a tirar del pelo a las niñas.
Pero seguía ignorando que cincuenta y pico de estaciones después estaría añorando a las torturadoras gordas que también vestidas de blanco hacían lo posible para que aprendiera que el 2 va después del 1 y la jota sirve para escribir Jénova... ¿o va con g?... ¡gulp!... Sí, va con G. Hoy daría cualquier cosa por ver a cualquiera de esas gordas y decirles que en el viaje aprendí a quererlas y extrañarlas.
Un día me aplaudieron. Un día me pusieron pantalones largos, claro…sería para esconder los pelos largos que tenían mis patas, que ya eran eso, luego de la transformación de mis tiernas piernecitas. Eso: pa-tas.
Me dijeron nuevamente estás grande, vas al liceo y tiraron o regalaron a algún primo imberbe que venía en otro vagón más atrás el pantalón cortito y el disfraz con hélice azul.
Bueno, esa etapa del viaje estuvo muy buena.
Toda la conciencia que traía desde la panza de mi mamá parece que se adormeció, porque día por medio me decían:
- "Sos un inconsciente, el liceo está más allá del parque Rodó, no te podés quedar en el parque."
Dejo hoy sentado aquí en este documento, toda mi protesta. La culpa no era mía. ¿A quién se le ocurrió poner el liceo más allá del parque? ¿Por qué no lo hicieron de este lado? ¿Por qué teníamos que atravesar con mi amigo Hugo Lawlor y Enrique el querido parque Rodó? ¿A nadie se le ocurrió lo torturante que era pasar por allí, y ver a un montón de chicas que quedaban en esa red? ¿Y amigos que jugaban al fútbol en el verde césped?
¿A nadie se le ocurrió que esa tentación era más fuerte que cualquier promesa de regalos a fin de año si salvábamos el curso?
La culpa no era ni mía, ni de Hugo, ni de Enrique. Teníamos que someternos a un esfuerzo que nunca estuvimos dispuestos a hacer. Era una tarea titánica para la cual no estábamos preparados.
Así y todo, deben reconocer, queridos padres, que culminamos la etapa liceal. Con atraso….si, es cierto. Con calenturas de ustedes, también es cierto. Con gastos innecesarios, no calculados, es verdad.
Pero, viejos... somos uruguayos no lo olviden. ¿O ustedes llaman a algún albañil y les termina el trabajo de acuerdo a los planes trazados? ¿O llevan al chapista el coche y les terminan en fecha y el costo es el que les dijeron al principio? No ¿Verdad que no?
Bueno... es la esencia, son los genes de esta tierra, de este paisito divino. Somos u-ru-gua-yos... ¿tá?
Ahí, a esa altura del viaje ya era grande en serio. Mis ojitos tiernos se habían transformado en chispeantes ojos (decían mis tías), en ojos de burro (decían algunos primos) y ojos de vivo (decían mis padres) Pero mis ojos veían otras cosas, trasmitían otras informaciones a mi cerebro que estaba dispuesto a realizar y efectuar todo lo que quería y no lo que se le decía.
Ya mi conciencia había asumido que yo ERA GRANDE y que tenía Todos y absolutamente todos los derechos del mundo.
Tenía los pantalones largos. Había terminado el liceo. Me afeitaba. Me gustaban las chicas. Las clases de piano en mi pueblito me habían servido para aprender a tocar la guitarra y Los Vétales rompían los parlantes y vidrios de mi cuarto y me sentaron arriba de un sueño del que no me he podido bajar aún. Mi verdadera vocación estaba en marcha. Y nada hay más poderoso que ella.
A la miércoles mis estudios. A la miércoles mis trabajos. Yo me veía un futuro John Lennon. Respiraba música, bebía notas y melodías y consumía mis días y mis horas en ensayos con mis nuevos amigos: Carlos, Beto, Alfredo y Fredy.
Hoy doy gracias a Dios o a quien corresponda haberme lanzado a este viaje en esa fecha, porque tuve la fortuna de vivir mi adolescencia en esa década. En mi vida vi una pastilla alucinógena. Nunca probé nada más fuerte que un cigarrillo Caporal, (¡qué espanto!). Nunca necesité alcohol para divertirme y ser feliz. Nuestra gran joda, era sentarnos en el bar Golf, gastarnos los poquitos pesitos que ganábamos, en algún baile y tomarnos siete u ocho cervezas entre quince y comernos los chivitos más ricos del mundo. Luego de esas jornadas otra vez a los ensayos, a estudiar a fondo cada nuevo disco de los Beatles y trasladarlos a nuestros instrumentos.
No teníamos conciencia de absolutamente nada más. O sea que los papis tenían razón... Hoy me doy cuenta y lo reconozco.
Pero esa misma inconsciencia, ese mismo amor por la música, nos evitó problemas que pasaba otra juventud en esa misma época. Gente muy joven que escogió otro rumbo, que tomó para sí tareas heroicas en algunos casos y se bajó en estaciones anticipadas. Gente joven que pasó años encerrada en calabozos por el hecho de ser joven y canalizar su rebeldía hacia lo que ellos consideraban sus ideales. ¿Cómo culparlos? ¿Cómo juzgarlos si ellos creían que podían arreglar el país? ¿Si ellos pensaban y eran fieles a sus sentimientos de justicia?
Muchas vidas valiosas, muchos viajes que merecían mejor destino quedaron truncos en forma por demás apresurada.
Pero éste es mi viaje y es el relato de “mi viaje”. Vivía en la gloria. Era un potrillo joven, o caballo joven lanzado a un sin fin de posibilidades, con sueños compartidos con amigos sanos y de buenos sentimientos. Amigos con los cuales aún nos juntamos de vez en cuando a comer un chivito y tomar una cerveza, o más bien coca Light... porque los caballos briosos se han convertido en caballos cansados ya.
El tema es que a esa altura del viaje y en una estación allá por el departamento de Salto, se subió al tren una gaviota, delgadita, que traía sin saber en su mochila del destino, la tarea de hacerme tomar el desvío hacia otras estaciones. Otros misterios se abrirían en mi horizonte ahora compartido con ella. Hasta la guitarra empezó a quedar atrás. No de buena gana, pero fue quedando de a poquito dormida... porque la gaviotita me trajo deseos de ser responsable. Deseos que fueron llegando muuuuy de a poquito dijera ella. Yo no los llamé... decía yo... pero la responsabilidad fue llegando. Primero en forma de ganas de estar con ella, porque fiel a mi sangre artiguense mis deseos no son a medias, son totales y no me alcanzaban ni me alcanzan las horas del día para estar con ella.
Esos deseos se transformaron en amor y en más deseos. Los sueños de acordes maravillosos se transformaron en melodías de cuna para los hijos que habrían de venir. Los hijos llegaron, las responsabilidades también, los sueños, (que nunca me abandonen) tomaron otras formas y el viaje cambió de vehículo y se tomó un bote con dos remeros: ella y yo.
Ella y yo en un mar lleno de olas, a veces picado, a veces apacible y con un rumbo que no sabemos donde está, pero sí sabemos que juntos. Un día uno de los dos se bajará en un puerto, o una estación imprevista. Y el otro cuidará de los sueños y los recuerdos de tantas cosas y horas vividas juntos.
Hace muy poquitos días, a las tres de la mañana me senté en la cama. Un dolor en el pecho me despertó. Me levanté, di una vuelta por la casa. Tomé algo fresco y me estiré tratando de que el dolor desapareciera. No. No se fue, no desapareció. Un sudor frío y abundante bajaba desde mi cabeza hacia todo el cuerpo. Fui consciente. Sabía lo que me estaba pasando y no lo podía creer.
La ambulancia de SUAT llegó rápido. Yo ya sabía que me iba rumbo al sanatorio.
Los ojos de mi hija no los vi, pero me imagino que cuando la mamá la despertó deben haber quedado más grandes que nunca. Se quedó solita en casa y sin saber que estaba pasando.
Pasaron muchos días. No era mi estación de bajada. Y hoy estoy nuevamente en mi ruta y he aprendido algo más, que quiero trasmitir.
Me doy cuenta hoy de que tenía síntomas a los que no les daba importancia. Me decía: son nervios. Es estrés. Me agachaba a juntar algo y me levantaba agitado. A la hora de las excitaciones mi corazón bombeaba como un motor exigido al mango. Lo sentía hasta en la garganta.
Cuántas veces escribí y dije a mis amigos:
- "Hay que caminar y cuidarse ANTES que nos dé el infarto, no después."
¿Por qué no lo hice yo?
Un día... el dolor en el pecho no me habrá de despertar, más bien me hará dormir del todo. Una fuerza incontenible me lanzará primero a la penumbra y luego hacia una luz brillante. Y a los brazos llenos de amor de mis abuelos, de mis tíos, de mis padres que me estarán esperando con toda la ternura y la ilusión de estar nuevamente juntos.
A ellos que están allá, a ustedes que están acá, gracias por acompañarme en este viaje.
Los quiero.

Gracias, Jorge, por compartir con nosotros parte de tu libro. (Nota del Editor)

miércoles, 10 de febrero de 2010

Postre Ferreira Ramos

Quien les escribe es Blanca Castro, y quiero compartir esta receta.

Y ahora el postre de los Ferreira Ramos, para algún descendiente que no lo conozca.
Y si lo saben... queda para la posteridad en este Blog, ¡ja,ja!

Lo conocí como la "Crema de Chocolate de los Ferreira Ramos" o "La crema de Tía Marica y Tía Carunga".


  • 12 Huevos.
  • 2 Tabletas de Chocolate Amargo.
  • 24 cucharadas de azúcar.

Si fuera demasiado, se puede hacer la mitad de la receta.


Batir las claras a nieve, agregar 2 cucharadas de azúcar por clara y batir hasta que el merengue esté completamente firme.

Batir ligeramente las yemas, pueden ser algunas menos de las 12, si se prefiere, aunque no se descarta ni una en la receta original.

Derretir el Chocolate al Baño María, agregando alguna cucharada de leche, pero dos o tres nada más.

Apenas derretido el chocolate agregarle las yemas revolviendo vigorosamente, poniendo y sacando del fuego para que se cocinen las yemas con el calor, cuidando de que no se seque demasiado.

Inmediatamente volcar esa preparación sobre las claras, revolver con movimientos suaves y envolventes hasta que quede todo de color uniforme.


Helar hasta el momento de servirlo.

Yo lo pongo en el FREEZER, porque no se congela .

¿Lo conocían?

Cuando yo era niña y no teníamos batidora, a mi casa en los aniversarios, ¡¡iban las tías a batir con 2 tenedores el merengue!!

En ese entonces, ¡no nos cuidábamos del colesterol!
Algún día, ¡un poquito se puede comer!

¡Es mi postre preferido!

Lo sigo comiendo en cuanta celebración familiar hay.

Gracias a Blanca Castro, por esta receta familiar. (Nota del Editor)

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