sábado, 30 de enero de 2010

El Apetito Familiar

Nuestra familia es de buen comer.
Podríamos ser pobres, pero en nuestras reuniones, la comida era algo que siempre sobraba.
Y las barrigas de alguno que otro de nuestros familiares, así lo prueba, incluyendo quien escribe estas líneas.
La tía Lola toda su vida fue muy rellenita y tenía buen apetito.
Mi primo Juancho me contó esta anécdota, que titularé:

La multiplicación de los panes (versión Ferreira Ramos)

En la casa de la calle Charrúa, donde vivían el tío Juan José Sasiaín y Mitiva Ferreira Ramos, con sus tres hijos, Mirta, Roberto y Juancho, muchas veces tuvieron pensionistas, casi siempre jovencitas que venían de Melo a estudiar a Montevideo. Muchas de ellas comían como pajaritos.

Ese día, la Tía Mitiva había hecho milanesas para el almuerzo, y salió a la calle a tomarse un respiro, alrededor del mediodía.

No llegó a salir a la vereda, cuando ve que por la esquina, caminando en dirección a su casa, venía la Tía Lola.

Más que obvio era, que venía a la casa de visita, y siendo el mediodía, nada más lógico que la invitara a almorzar con ella.

Ni lerda ni perezosa, la Tía Mitiva se fue a la cocina y fileteó las milanesas, efectivamente duplicando su número.

Y al terminar el almuerzo, me comentaba Juancho, asombrado:
- "Y vos sabés, Luis, que la vieja le ofrecía a todas las pensionistas: - ‘¿Querés más?... ¿y tía Lola?… ¿se sirve un poquito más?’ – cuando yo había ido a la cocina, y sabía perfectamente que no quedaba ¡ni una!, pero la vieja se jugaba la parada de que nadie iba a repetir."

El viaje de Tía Lola

Yo una vez hice el viaje de Montevideo a Artigas en tren.

Demoró nada más que 24 horas.

Me acuerdo que eso, para un niño, era un suplicio.

Horas y horas con un paisaje similar, sin ningún chiche, “taca taca taca… chu, chu… taca taca taca”.

Pero… era el pasaje más barato que había, y era muy cómodo poder levantarse y deambular por los pasillos.

Si bien había vagón comedor, no siempre estaba abierto, y conocedores del buen apetito de la Tía Lola, le compraron un pollo entero, para que hiciera diente por el camino.

Conociéndola a la Tía Lola, como la conocía Papá, él me contó que probablemente, ella comenzó a comer el pollo, ni bien el tren salió de la Estación Artigas en Montevideo, y que seguramente terminó con los últimos restos del ave, cuando el tren no había llegado ni a Pando.

Una vez finalizada la comida, la Tía Lola metió todos los huesos del pollo dentro de la bolsa en que se lo mandaran, puso también dentro de la bolsa su dentadura postiza y tiró todo por la ventanilla del vagón.

Nuestros familiares artiguenses nos cuentan que recibieron a la Tía Lola muy consternada por haber tirado los dientes postizos, y trataron de encontrarle algún reemplazo para que usara durante su estadía en Artigas, dado que ella tenía su dentista en Montevideo, que tenía ya el molde hecho para fabricar una segunda dentadura.

Averiguamos, luego, que un perro olfateó los restos óseos al borde de la vía ferroviaria y así quedó…

miércoles, 27 de enero de 2010

Fue una broma...


A fines de la década de 1920, cuando Amaro Ferreira Ramos se vino a Montevideo a ocupar su cargo de Senador por Artigas, su hijo Eufronio, junto a sus hijos mayores, se mudó a su casa, que quedaba a media cuadra de distancia, dejando a sus hijas, junto a su hermana Lola en la casa de Rincón 334.

Don Amaro se llevó a Montevideo, a sus dos nietos mayores, ambos con 16 años, Orestes Ballestrino Ferreira Ramos, y Guillermo (Mito) Ferreira Ramos, con la única condición de que estudiaran una carrera. Ambos estudiaron Escribanía y se recibieron.

Mi tía Ema Ferreira Ramos, quien proporcionó la información de esta nota, era la más pequeña y la más llorona de la familia, particularmente cuando se peleaba con mi tío Efraín, quien se vengaba de ella, decapitándole las muñecas de porcelana, que mi tía tenía en gran estima.

Don Amaro había puesto un arco de fútbol completo, en el patio de su casa, así que mi tío Efraín Ferreira Ramos y su barra de amigos, iban allí a tirar sus pataditas al arco muy a menudo.

Y si llegaba la hora de la merienda, acababan con todo el pan que había en la casa, teniendo que ir a comprar más.
Diciembre de 1930
Fue a fines de diciembre de 1930. En Artigas, al mediodía, un calor insoportable.
La barra de mi tio Efraín no tenía ganas de correr ni sudar más con el fútbol.
¿Que hacer?
Nada mejor que irse al río Cuareim a refrescarse en sus aguas.
Alrededor de la 1 de la tarde, un amiguito de mi tío Efraín, se apareció por la casa de Rincón 334, con la ropa del tío Efraín, contando a las hermanas que Efraín se había ahogado mientras se bañaban en el río Cuareim, y a entregarles sus pertenencias.
Se podrán imaginar la consternación, dolor y tristeza que ocasionó esta noticia en todas ellas.
Efraín
Pensando que hacer para comunicar la noticia a Don Eufronio y Don Amaro, y ver de recuperar el cuerpo, para enterrarlo, una vez que fuese encontrado, pasó el tiempo, hasta que llegó la hora de comer.
Cuando apretó el hambre, entonces se apareció Efraín, para comer la merienda, proclamando:
- “¡¡¡QUE LA INOCENCIA LES VALGA!!!” – ya que era el 28 de diciembre.
El tío Marucho me contó que las hermanas sacaban turno para pegarle…
Hacía tanto calor, que la ropa era un estorbo, así que: ¿Por qué no utilizarla para hacer la tal broma…?

domingo, 24 de enero de 2010

Los genes se transmiten

Y los comportamientos también.
Salto 1937
Mi papá, Eufronio Luis Ferreira Ramos, se fue a estudiar a Salto, allá por 1937, donde conoció a mamá, Elsa Nerea Krämer, entonces me contó alguna anécdota de por esos pagos.
No estaba difundido el teléfono, de la misma manera que ahora, y los caminos de la Patria eran la mayoría de tierra.

La comunicación en el año 1937 era más bien escasa, así es que los salteños quedaron muy contentos con una transmisión radial, conducida por un Sr. Barruda, que comunicaba a la campaña, las novedades de los salteños de la ciudad, o de aquellos que estaban viajando por Montevideo.
Las transmisiones tenían carácter informativo, con noticias tales como:
- “A la familia Rodríguez, de Termas del Arapey, le comunicamos que su tío Federico fue operado en un Hospital de Montevideo en el día de ayer y se está recuperando.”
- “A Pancracio Castro de Paso del Daymán, sus sobrinos Gorosito y Anacleta lo saludan y le desean que pase un muy feliz cumpleaños.”
- “A Dalmira Acuña, que su mamá tuvo un pequeño accidente y no va a poder ir a pasar el fin de semana con ella, como habían quedado.”

A la radio tan escuchada, le fueron retirados los permisos, cuando un atardecer, se juntaron unas cuantas nubes negras que cubrieron el cielo salteño, y el Sr. Barruda se expresó de esta manera:
- “Estimados radioescuchas, ¡voy a cortar la transmisión porque se viene una tormenta de la gran puta!”
En el Uruguay actual, tamaña cosa hubiera sido más tolerada, que en ese ambiente puritano que se vivía en 1937.

Atlántida, verano de 1959
Papá tenía un Ford Eiffel de 1939, era un auto pequeño de 4 cilindros, con solamente 3 cambios y cuya velocidad máxima eran 50 km. por hora en camino llano.

En bajada 70 km. por hora.
Y en subida 30 km. por hora.
Allí nos metimos, Mamá, Papá, mi prima Margarita Azambuja, que era bastante gordita y yo. En Atlántida, recogimos al tío Hugo Invernizzi, que trabajaba como cajero en el Casino de Atlántida, y salimos a pasear por el balneario.
Paramos a poner nafta en la estación de gasolina que estaba a la entrada de Atlántida, y papá le pidió al hombre que estaba atendiendo, que por favor que le revisara la presión del aire en las ruedas.
- “Más que nada, quiero que revise ésta de atrás” – dijo papá.
El hombre revisó la rueda, midió, vio que Margarita estaba sentada de ese lado y dijo:

- “La presión de la rueda está bien, lo que pasa es que tiene esa gorda sentada acá, que achata las cubiertas.” – dijo el hombre.
Papá quedó mudo ante la grosería y descortesía de este individuo a quien acababa de conocer.
El hombre siguió dando la vuelta al auto, revisando las ruedas, hasta que se enfrentó con el tío Hugo Invernizzi.
- “Hugo, pero como andás tanto tiempo.”
Se baja el tío Hugo del auto, se pone a charlar con este hombre, recordando épocas pasadas, hasta que le dice:
- “¿Te acordás aquella vez en Salto, cuando nos robamos a aquel muerto del velorio?”
- “No, no me acuerdo” – contestó mi tío Hugo, queriendo terminar la conversación.
Nos fuimos de allí sin saber más nada, pero papá luego, charlando con el tío Hugo, se enteró de la anécdota.
Parece que este hombre y mi tío Hugo, eran compinches de tragos en sus años mozos en Salto. No teniendo dinero, en ningún velorio falta una caña o dos, para pasar la noche.

Estos dos sabandijas, salían por Salto, e iban de velorio en velorio, tomando caña de arriba. Hasta que se encontraron con un velorio, en donde no había nadie, estando solamente el cajón con el muerto dentro.
Los dos borrachos, se robaron el muerto, se fueron a un garaje, pusieron al muerto dentro de un barril, tomaban caña y le daban también al muerto.
Al otro día fueron presos, y de acuerdo al tío Hugo, fue un lío muy difícil de tapar con la familia del muerto.
- “¿Sabés quién es este hombre? – le preguntó a papá mi tío Hugo.
- “No” – dijo papá.
- “Este tipo, ¡es hijo de aquel Barruda de Salto, que le sacaron el permiso cuando dijo que iba a cortar la transmisión porque se venía una tormenta de la gran puta!”
Pando 1964

Luego nos enteramos, de que Barruda hijo, le había comprado un jeep a su hija, para que fuera a estudiar al liceo de Pando.
La muchacha viajaba todos los días, sin problemas.
Un buen día, otro automóvil la persiguió, probablemente porque la vieron buena moza.
Ella paró el jeep, se bajó del auto, y con un revólver le voló los dos faroles delanteros, a su pretendiente.
Luego de esto, se montó en su jeep y siguió viaje.
¡Que familia! ¿Vio?
En conclusión
Y para que reflexionemos.
¿Qué les hemos copiado a nuestros padres?
¿Qué estamos transmitiendo a nuestros hijos?
¿Serán nuestros hijos peores o mejores que nosotros y nuestros padres?

miércoles, 20 de enero de 2010

De donde vienen los cuentos

Para mis ojos de niño, la ciudad de Artigas, era lo más recóndito del Uruguay. No era posible irse más lejos de Montevideo, sin salirse del mapa de la República… y entrar en Brasil.

La infancia de los nueve hijos de Eufronio, transcurrió en Artigas, con su aduana, su calle Lecueder, el barrio Cerrito, el Cementerio.

Quaraí, la ciudad brasilera que se encuentra frente a Artigas, cruzando el río Cuareim, era apenas un poblado cuando yo la visité, a los siete años de edad, a mediados de la década de 1950.

• El alumbrado público era muy escaso.
• No había pavimentación alguna y todos sus caminos eran de tierra.
• No había agua corriente ni saneamiento.
• Tengo una foto que me sacó papá en el carro de un aguatero.

En nuestra visita a Quaraí, estuvimos parando en la casa de Félix Culshaw y su esposa Regina, amigos y vecinos de mis padres cuando ellos eran recién casados, habiendo llegado a Montevideo en 1944. Félix y Regina, en ese momento, eran dueños de un almacén en Quaraí, y tenían su comercio en una esquina, lindando con una casa de su propiedad.

No existía el puente internacional actual uniendo Artigas y Quaraí. Apenas había una calzada, colmada de mujeres lavando ropa en el río.

Cada vez que crecía el río Cuareim, anegaba la calzada, impidiendo el tránsito vehicular. No había más remedio que cruzar en bote.

Mi curiosidad estaba acicateada, y hasta se podría decir que exacerbada por mis ansias de identificación con todos estos tíos, en quienes yo encontraba un parecido tan grande con mi papá.

Hasta el día de hoy, recuerdo el impacto enorme que produjo en mí, cuando, teniendo yo cuatro o cinco años, ví por primera vez a mi tío Marucho, quien me pareció idéntico a mi padre, pero más joven, en esta visita que hizo a Montevideo, desde Minas de Corrales, Rivera, donde vivía en ese tiempo.

Cuando yo tenía entre 10 y 15 años, recuerdo que en todas las reuniones familiares, era notable y notoria la alegría, y se palpaba una energía extraordinaria, ahora me doy cuenta que eso que yo percibía, era la hermandad de todos ellos.

Fueron varias las ocasiones en que tuve oportunidad de compartir fiestas con mis padres y mis tíos, los famosos 9 hermanos, los hijos de Eufronio, en las cuales me encontraba con mis muchos primos hermanos.

Estas fiestas tuvieron un impacto educativo muy grande en mí, como hijo único, y criado en Montevideo, cuando me veía expuesto a este grupo familiar tan extenso, nada menos que 9 hermanos, cuya niñez había transcurrido en la lejana ciudad de Artigas.

Criándose a caballo en la frontera con Brasil, era prácticamente imposible evitar la influencia del idioma portugués, en la formación de los nueve hermanos, y este detalle surge, en forma estridente, en los famosos cuentos brasileros, a que tanto somos adeptos los Ferreira Ramos.

Los deseos de grandeza brasileños, eran muy perceptibles en aquella época, y se destacaban particularmente en el lenguaje, el cual era ironizado en forma impecable, por la juventud artiguense.

En una de estas reuniones familiares, fue que el tío Marucho, me contó la historia del Coronel y el Botero, que yo ya había oído antes de boca de papá y los otros tíos también, pues todos ellos compartían las mismas historias de sus años mozos, pero esa vez la memoricé. Para terminar esta historia entonces les dejo:

El Coronel y el Botero

Este Coronel del Ejército Brasilero, fue a Artigas de visita, y cuando quiso volver a Brasil, se encuentra conque el Cuareim había crecido y era imposible cruzar por la calzada, que había sido tapada por las aguas.

Necesitado de cruzar el río, trató de impresionar con su labia de hombre culto y educado, hablando en forma elevada y rimbombante, así es que se dirigió al Botero de esta manera:

- “Pode transportar-me, barqueiro, de este pólo, u outro hemisfério.” – clamó con voz tonante.

El pobre botero se imaginó que el coronel quería contratarlo poco menos que para una travesía transatlántica…

- “Mais meu tenente, a minha canoa não da pra tanto.” – le contestó.

El coronel, que simplemente quería atravesar el río sin mojarse las botas, le espetó:

- “Si dizes per ignorância, trânsito. Mais si dizes por menoscabar a minha prosopopéia, darei-te com este cadisdofe, pela caixa torácica, ofendendo-te os rins e os órgãos genitais. ¡Pelo qual acabareis por ficar cadavérico!”

jueves, 14 de enero de 2010

Sacándole jugo a Un Vintén

En la Escuela Número 8, República de Haití, se vendían bizcochos a la hora del recreo a 5 centésimos cada uno.

Las “bizcocheras” eran 2 alumnas de nuestra clase, y cada vez que las veíamos, estaban sentadas en las escaleras del segundo patio, charlando y comiendo algún bizcocho de vez en cuando.

Mi compañero de clase Yamandú Saralegui y yo no teníamos ni la menor idea de compra/venta de bizcochos, ni jamás habíamos hecho cosa parecida, pero, un buen día, decidimos ir juntos a la Dirección, para averiguar si podíamos encargarnos de la famosa venta de los bizcochos. ¡Teníamos hambre y nada de dinero, pensábamos que era bueno cambiar un poco de tiempo de recreo, por comer algunos bizcochos gratis!

La panadería entregaba los bizcochos en la Escuela alrededor de las 3 de la tarde o unos minutos antes de la hora del recreo, dejando unas 5 o 6 docenas en la Dirección. La Directora designaba a un par de alumnos para su venta y eso, aparentemente era todo.

La Directora se sorprendió que dos varones quisieran vender bizcochos, pero, nos dio la oportunidad… pronto se iba a arrepentir…

Allá fuimos Yamandú y yo con la canasta de los bizcochos, a venderlos. Luego de pasar un recreo aburrido, al sol, sudando y comiendo bizcochos, entregamos a la Directora el sobrante y el dinero producto de nuestras ventas y volvimos directamente a nuestra clase.

A los 10 minutos nos llama la Directora para ver donde está el faltante de dinero de la recaudación. Tanto Yamandú como yo, confesamos que habíamos comido varios (muchos) de los mentados bizcochos, sin hacer la correspondiente contribución a la Caja, dado que pensábamos que comer bizcochos gratis, era uno de los beneficios de quedarse sin recreo, vendiéndolos.

La Directora quedó escandalizada, y procedió a explicarnos la maniobra de Caja que hacían “Las Bizcocheras”.

Muchos de los niños pagaban 3 vintenes (moneda de 2 centésimos) por cada bizcocho, y Las Bizcocheras, no les daban vuelto, pues no había monedas de 1 centésimo. Así es que cada 5 niños que pagaban de esa forma, las bizcocheras tenían derecho a comerse un bizcocho gratuitamente entre las dos.

Eso era lo que nosotros veíamos en el recreo, y no era que comerse bizcochos gratis fuera una prebenda laboral otorgada por la Escuela.

Como se podrán imaginar, la Directora nunca más nos dejó vender bizcochos a la hora del recreo.

domingo, 10 de enero de 2010

Lista de Enlaces Familiares

Hace tiempo que me estaba rondando en la cabeza la idea de tener una forma de poder apuntar a la información genealógica por un lado, y por otro a la forma de comunicarse con esa persona.

Las primeras ideas eran las de simplemente efectuar un listado de familiares, disponiendo, al lado,
de un ícono representando Facebook

Y al lado otro ícono, representando el Arbol Genealógico.

Si bien esto funcionaría bien, no era estéticamente agradable, en esta época que nos tocó vivir, computacionalmente hablando, en que debemos sintetizar todo, para conseguir otorgar más función desde menos elementos, miniaturizando la información.



Así es que fabriqué la "Lista de Enlaces Familiares", la que nos permite, desde una misma página web, ir al sitio de Facebook, o a la página del Arbol Genealógico correspondiente a cada persona que figura en la misma.

La parte superior de cada foto personal, los llevará a Facebook, mientras que la parte inferior los llevará a las Raíces de esa persona, o sea, a su Arbol Genealógico.

Creo que esa será la forma más cómoda para entrar al Arbol, así es que lo voy a poner como página a mostrar en caso de omisión.

Si no les resultara cómodo, háganmelo saber.

lunes, 4 de enero de 2010

Hijos, Nietos y Bisnietos de Eufronio

Esta foto, (presionen con el ratón) los lleva a otra, desde donde pueden seleccionar la imagen de su personaje favorito, para entrar directamente al Arbol Genealógico.

La foto fue sacada en la década de 1960, en la casa de Juan José Sasiaín y su esposa Mitiva Ferreira Ramos, que quedaba en la calle Charrúa entre Obligado y Araúcho, en Montevideo, Uruguay.
En la foto están los 9 hijos de Eufronio, 12 nietos, 4 nueras, 1 yerno, 2 bisnietos, 3 sobrinos nietos políticos y hasta su hermana, la famosa Tía Lola.
El yerno que está presente, pero no figura en la foto, es el que sacó la foto... mi tío Sasiaín.

La fotografía es un enlace que los llevará a:
Les convendría guardarla entre sus favoritos, si quisieran entrar siempre al Arbol Genealógico de esta manera.

domingo, 3 de enero de 2010

La Masonería y la Familia

Yo crecí en un hogar masónico.

Mi madre quería bautizarme, pero acordaron no hacerlo, respetando la tradición paterna.
Muchas veces fuimos a reuniones masónicas y a fiestas otorgadas por los Hermanos de la Logia Surcos, adonde asistía papá a las reuniones semanales de los martes.

Fiestas con los Hermanos masones.
Vienen muchas fiestas a la memoria, pero creo que la que se lleva el premio a la extravagancia, fue la del casamiento de la hija de Juan Severi.


Me acuerdo que cuando Juan Severi atendía el teléfono decía: "Instituto Vitivinícola Yan Severí." Mi mamá lo imitaba con una mezcla de acento entre judío y francés. Era muy cómico.











El Hermano Severi tenía dos tanques de 200 litros cada uno, en el techo de su quinta, ubicada detrás del Cerro de Montevideo. Conectó la cañería del agua caliente directamente a un tanque, y el agua fría al otro. Llenó un tanque con vino tinto y el otro con vino blanco.
¡Hasta de la manguera del jardín salía vino!
Yo, niño de 6 o 7 años, recuerdo que cuando me ensucié, me lavaron las manos con vino tinto, pues la única agua que había era la del hielo al derretirse en los tachos donde se enfriaban los refrescos.
La fiesta comenzó un sábado al mediodía y terminó recién el domingo de tardecita, cuando nos fuímos los últimos invitados.
¡Esa sí que fue una fiesta!

Fiestas en la Logia
Al comenzar las reuniones luego de anochecido, era muy común que los hermanos culminaran una reunión, yendo a cenar todos juntos.
Me acuerdo una vez, que vinieron de Canelones a visitarnos a casa, el matrimonio constituído por mis queridos tíos Mito y Lila.


Como era martes, papá y el tío Mito se fueron a la Logia, dejando a la tía Lila en casa, haciendo tertulia con mi mamá y yo, que tendría unos 9 años en esa época.
Al término de la tenida masónica, se fueron a cenar, donde libaron copiosamente, quedando todo el mundo bastante "adobadito".
Los Hermanos con vehículos, oficiaban de taxímetro para todos los Hermanos que no lo tuvieran. Papá y el tío Mito se metieron en uno, y cuando preguntaron a cada uno el destino que querían, dijo el tío Mito:
- "A mí me dejan en la Estación de Ferrocarril que me tengo que tomar el tren para Canelones."
Así que allá se fue en el tren, pero con la comida y el vino haciendo efecto, se pasó de la estación de Canelones, y cuando se despertó, estaba en Florida.
Al no haber más trenes hasta el otro día, no tuvo más remedio que dormir en un banco de la plaza floridense. Cuando se levantó con el amanecer y los gallos, tomó el tren de vuelta para Canelones.
Recién cuando entró en su casa, se asombró de que no hubiera nadie... y allí fue cuando se acordó que... ¡SE HABÍA OLVIDADO DE SU ESPOSA EN MONTEVIDEO!
Ni corto ni perezoso, le mandó un telegrama a la tía Lila que decía:
"Te adoro, voy a buscarte. Firmado: Mito"
Mi mamá me contaba que aún pasados varios años de este episodio, cada vez que se lo recordaban a la tía Lila, ¡volvía a pelearse con el tío Mito!, tal y como si hubiera sucedido el día anterior.

Asistí varias veces a reuniones familiares en la Logia Surcos.
Los Hermanos mantenían su reunión a puertas cerradas primero, y luego, abrían la Logia para que entraran los familiares a participar de la reunión.
Lógicamente, le preguntaba a papá el propósito y objetivo de las reuniones, pero la respuesta era siempre la misma: "Es un secreto y no te lo puedo decir".

Misterios de la Masonería
La Masonería entonces, fue todo un misterio para mí, aunque crecí entre Masones, y fui primo, hijo, sobrino, nieto y bisnieto de Masones.

Nadie se olvida de mi bisabuelo, Amaro Ferreira Ramos, quien obtuviera el máximo grado masónico, Grado 33 y Gran Portaestandarte.
Nadie fuera de la Masonería sabe lo que es eso, pero forma parte de los logros vivenciales del Abuelito Amaro.

La Hermandad Masónica
A pesar de todos sus misterios, era muy edificante observar la verdadera amistad con la que se trataban los "Hermanos", todavía más para mí, que no tuve hermanos, dado que soy hijo único.
Parecería que la única hermandad que me era dable conocer, era la Hermandad virtual que otorga la Masonería.

Sin embargo, tuvo que fallecer papá, para que yo me diera cuenta de que todavía me faltaba por conocer esa faceta suya.
Así es que tratando de conocer más a mi familia, me presenté a la Logia de Deerfield Beach, en Florida, donde me aceptaron como Aprendiz.



Organizaciones paralelas
Los Shriners son organizaciones de beneficencia, cuyos integrantes son masones.


Una de las tareas más conocidas de estas organizaciones, son el servicio voluntario y gratuito de transporte de niños enfermos desde y hacia Hospitales especializados para su tratamiento e internación.
Estas organizaciones paralelas, son muy divertidas, pero la condición primaria para pertenecer a ellas, es ser Masón.
Tuve ocasión de participar de varias reuniones del Mahi Shrine, junto a otros Hermanos.
Quizás la más interesante fue el encuentro de todos los Shrines de Estados Unidos, que tuvo lugar en Baltimore en 2005.


En ese entonces intentamos establecer "The Fraternal Cigar Company". Un negocio en el cual permitíamos a cada Shrine establecer su propio Logotipo en los habanos, simultáneamente donando parte de la ganancia a los Hospitales de su preferencia.
Era una buena idea de marketing, pero no prosperó, dado que el tabaco y la salud, no conjugan, aún cuando se lo disfrace como una forma de beneficencia.

Mudanza y Retiro
Mi mudanza a New York, hicieron que me alejara de los Hermanos de Deerfield Beach, y la Logia de New York quedaba demasiado lejos y era impráctico asistir asiduamente.

Visité a los Hermanos de New York varias veces, pero luego dejé de concurrir a la Logia.
Ahora conozco aquello que todos mis antepasados conocieron, y estoy satisfecho con eso.
No llegué al Grado 33, como abuelito Amaro, pero me conformo con mi Grado 32.

Es muy probable que reincida...

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