La infancia de los nueve hijos de Eufronio, transcurrió en Artigas, con su aduana, su calle Lecueder, el barrio Cerrito, el Cementerio.
Quaraí, la ciudad brasilera que se encuentra frente a Artigas, cruzando el río Cuareim, era apenas un poblado cuando yo la visité, a los siete años de edad, a mediados de la década de 1950.

• El alumbrado público era muy escaso.
• No había pavimentación alguna y todos sus caminos eran de tierra.
• No había agua corriente ni saneamiento.
• Tengo una foto que me sacó papá en el carro de un aguatero.
En nuestra visita a Quaraí, estuvimos parando en la casa de Félix Culshaw y su esposa Regina, amigos y vecinos de mis padres cuando ellos eran recién casados, habiendo llegado a Montevideo en 1944. Félix y Regina, en ese momento, eran dueños de un almacén en Quaraí, y tenían su comercio en una esquina, lindando con una casa de su propiedad.

No existía el puente internacional actual uniendo Artigas y Quaraí. Apenas había una calzada, colmada de mujeres lavando ropa en el río.
Cada vez que crecía el río Cuareim, anegaba la calzada, impidiendo el tránsito vehicular. No había más remedio que cruzar en bote.
Mi curiosidad estaba acicateada, y hasta se podría decir que exacerbada por mis ansias de identificación con todos estos tíos, en quienes yo encontraba un parecido tan grande con mi papá.
Hasta el día de hoy, recuerdo el impacto enorme que produjo en mí, cuando, teniendo yo cuatro o cinco años, ví por primera vez a mi tío Marucho, quien me pareció idéntico a mi padre, pero más joven, en esta visita que hizo a Montevideo, desde Minas de Corrales, Rivera, donde vivía en ese tiempo.
Cuando yo tenía entre 10 y 15 años, recuerdo que en todas las reuniones familiares, era notable y notoria la alegría, y se palpaba una energía extraordinaria, ahora me doy cuenta que eso que yo percibía, era la hermandad de todos ellos.
Fueron varias las ocasiones en que tuve oportunidad de compartir fiestas con mis padres y mis tíos, los famosos 9 hermanos, los hijos de Eufronio, en las cuales me encontraba con mis muchos primos hermanos.

Estas fiestas tuvieron un impacto educativo muy grande en mí, como hijo único, y criado en Montevideo, cuando me veía expuesto a este grupo familiar tan extenso, nada menos que 9 hermanos, cuya niñez había transcurrido en la lejana ciudad de Artigas.
Criándose a caballo en la frontera con Brasil, era prácticamente imposible evitar la influencia del idioma portugués, en la formación de los nueve hermanos, y este detalle surge, en forma estridente, en los famosos cuentos brasileros, a que tanto somos adeptos los Ferreira Ramos.
Los deseos de grandeza brasileños, eran muy perceptibles en aquella época, y se destacaban particularmente en el lenguaje, el cual era ironizado en forma impecable, por la juventud artiguense.
En una de estas reuniones familiares, fue que el tío Marucho, me contó la historia del Coronel y el Botero, que yo ya había oído antes de boca de papá y los otros tíos también, pues todos ellos compartían las mismas historias de sus años mozos, pero esa vez la memoricé. Para terminar esta historia entonces les dejo:
El Coronel y el Botero

Este Coronel del Ejército Brasilero, fue a Artigas de visita, y cuando quiso volver a Brasil, se encuentra conque el Cuareim había crecido y era imposible cruzar por la calzada, que había sido tapada por las aguas.
Necesitado de cruzar el río, trató de impresionar con su labia de hombre culto y educado, hablando en forma elevada y rimbombante, así es que se dirigió al Botero de esta manera:
- “Pode transportar-me, barqueiro, de este pólo, u outro hemisfério.” – clamó con voz tonante.
El pobre botero se imaginó que el coronel quería contratarlo poco menos que para una travesía transatlántica…
- “Mais meu tenente, a minha canoa não da pra tanto.” – le contestó.

El coronel, que simplemente quería atravesar el río sin mojarse las botas, le espetó:
- “Si dizes per ignorância, trânsito. Mais si dizes por menoscabar a minha prosopopéia, darei-te com este cadisdofe, pela caixa torácica, ofendendo-te os rins e os órgãos genitais. ¡Pelo qual acabareis por ficar cadavérico!”

Se continuará esta historia, con andanzas de Luisito en casa de don Félix, aportada por mi.
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