
Las “bizcocheras” eran 2 alumnas de nuestra clase, y cada vez que las veíamos, estaban sentadas en las escaleras del segundo patio, charlando y comiendo algún bizcocho de vez en cuando.
Mi compañero de clase Yamandú Saralegui y yo no teníamos ni la menor idea de compra/venta de bizcochos, ni jamás habíamos hecho cosa parecida, pero, un buen día, decidimos ir juntos a la Dirección, para averiguar si podíamos encargarnos de la famosa venta de los bizcochos. ¡Teníamos hambre y nada de dinero, pensábamos que era bueno cambiar un poco de tiempo de recreo, por comer algunos bizcochos gratis!

La panadería entregaba los bizcochos en la Escuela alrededor de las 3 de la tarde o unos minutos antes de la hora del recreo, dejando unas 5 o 6 docenas en la Dirección. La Directora designaba a un par de alumnos para su venta y eso, aparentemente era todo.
La Directora se sorprendió que dos varones quisieran vender bizcochos, pero, nos dio la oportunidad… pronto se iba a arrepentir…
Allá fuimos Yamandú y yo con la canasta de los bizcochos, a venderlos. Luego de pasar un recreo aburrido, al sol, sudando y comiendo bizcochos, entregamos a la Directora el sobrante y el dinero producto de nuestras ventas y volvimos directamente a nuestra clase.

A los 10 minutos nos llama la Directora para ver donde está el faltante de dinero de la recaudación. Tanto Yamandú como yo, confesamos que habíamos comido varios (muchos) de los mentados bizcochos, sin hacer la correspondiente contribución a la Caja, dado que pensábamos que comer bizcochos gratis, era uno de los beneficios de quedarse sin recreo, vendiéndolos.
La Directora quedó escandalizada, y procedió a explicarnos la maniobra de Caja que hacían “Las Bizcocheras”.

Muchos de los niños pagaban 3 vintenes (moneda de 2 centésimos) por cada bizcocho, y Las Bizcocheras, no les daban vuelto, pues no había monedas de 1 centésimo. Así es que cada 5 niños que pagaban de esa forma, las bizcocheras tenían derecho a comerse un bizcocho gratuitamente entre las dos.
Eso era lo que nosotros veíamos en el recreo, y no era que comerse bizcochos gratis fuera una prebenda laboral otorgada por la Escuela.
Como se podrán imaginar, la Directora nunca más nos dejó vender bizcochos a la hora del recreo.

Que hermoso cuento de la infancia: MUCHAS GRACIAS POR COMPARTIRLO ME HICISTE REIR!!! un fuerte abrazo y TODA NUESTRA GRAN FAMILIA UQE HAS IDO REENCONTRANDO: GRACIAS!!!
ResponderBorrarMARITA